Drama en dos actos y en prosa de Manuel Linares Rivas (1878-1938), estrenado en el Teatro de la Princesa, en Madrid, la noche del 21 de diciembre de 1914. El autor sigue la manera de Benavente, aunque su tendencia es docente, sobre todo en lo que se refiere a reformas jurídicas. Por su espíritu, profundamente liberal, pasa la ráfaga de la rebeldía contra las leyes que se van anquilosando hasta asfixiar a las criaturas en lugar de defenderlas de las innumerables asechanzas de que la vida las hace víctimas irresponsables e indefendibles, según las leyes.
La Garra se encara con el tremendo problema de una pobre mujer abandonada por su esposo, del cual se ignora si vive o no vive al cabo de muchos años, y que no puede unirse al hombre que la ama y que ama porque la ley, hasta pasados treinta años, no determina a favor de la que espera en vano. Por otra parte, un hombre que se divorció en América, y cuya esposa se casó con otro hombre y vive con él y hasta tiene hijos, al casarse en España y formar una familia llena de amor y de alegría, se ve separado de ella porque alguien descubre aquel divorcio y las autoridades declaran nulo el segundo matrimonio. La única salida que este hombre encuentra es la muerte: se suicida para dejar libre a la mujer de quien la separan las leyes y los prejuicios familiares, mientras la otra esposa, la primera, puede vivir tranquila y legalmente en otro país que reconoce el derecho a divorciarse cuando el matrimonio es un fracaso.
Con todos los tintes dramáticos que el caso requiere, el autor, condolido y deseoso de soluciones humanas para los pobres seres en manos de las crueles circunstancias, expone su obra. Pesa sobre ella el ambiente de una ciudad, Campanela (Santiago de Compostela), sojuzgada tanto por supersticiones como por tradiciones y prejuicios sociales que rayan en la crueldad en nombre del deber. Al fin y al cabo, Linares Rivas era un idealista que sólo pretendía la felicidad lógica de sus personajes.
C. Conde

