[A set of six]. Colección de seis cuentos del escritor inglés Joseph Conrad (1857-1924), aparecida en Londres en 1908. El libro toma el título del primero de la serie.
El general Santierra, un sudamericano, cuenta a algunos amigos sus recuerdos de la guerra de la Independencia contra los españoles. Joven lugarteniente, vio llegar un día al puerto de Valparaíso, entre los prisioneros realistas, al republicano Gaspar Ruiz, una especie de Hércules que, por haber sido encontrado con las armas en la mano entre’ las filas de los enemigos, debía ser fusilado como desertor. Gaspar en realidad había sido hecho prisionero por los realistas y obligado a tomar las armas contra los suyos. No obstante iba a morir. A la primera descarga cae Gaspar; pero dos de sus compañeros al desplomarse sobre él le protegen de las siguientes. Al llegar la noche se arrastra hasta la choza de la bella Herminia, que vive en la más absoluta privación con su padre, viejo dignatario del Virrey, y con su madre. Herminia, feroz realista, esconde a Gaspar, quien a su vez le salva la vida en un temblor de tierra durante el cual se derrumba la choza de la muchacha sobre sus padres. Gaspar, que ama a Herminia con un amor profundo y sin esperanza, gana, después de una serie de hazañas deslumbrantes, la confianza de los patriotas, para mejor poderles traicionar después. Tras haber matado al gobernador, se retira a las montañas con sus hombres y con Herminia, que se ha transformado en su mujer, por necesidad y aparentemente sin amor.
A causa de una traición son hechos prisioneros por los patriotas Herminia y el hijo que ella le ha dado; Gaspar muere intentando libertarlos, bajo el peso de un cañón al que él servía de soporte, tras haber recibido por vez primera de labios de su mujer la declaración de su amor. Y el general Santierra concluye su narración presentando a sus huéspedes la hija de Gaspar, que él adoptó. «El indicador»: un coleccionista, X., viene un día al encuentro del narrador para mostrarle su colección de bronces y porcelanas de China. X. es un escritor revolucionario que frecuenta las sociedades secretas y cree que no se obtendrá jamás el progreso de la humanidad si no es por el terror y la violencia. X. cuenta la siguiente historia: la deslumbrante hija de un alto funcionario inglés, para afirmar su personalidad, ofreció una de sus propiedades a un grupo de anarquistas, que instalaron allí una imprenta y un laboratorio de explosivos. Mientras tanto todos los intentos de los anarquistas fracasaron en el último minuto; X. fue encargado de investigar discretamente sobre las causas de aquellos fracasos. Trabó, pues, conocimiento con la bella joven y el grupo de anarquistas, al que se había unido Sevrin «con semblante de sacerdote fanático» y muy enamorado de la muchacha. X. organizó una falsa redada de la policía, y Savrin, para salvar a aquella a quien amaba, se desenmascaró, mostró su salvoconducto firmado por todas las policías de Europa. Los falsos policías se dieron a conocer a su vez, Savrin, el «soplón», se envenenó y a la muchacha no le quedó otro recurso que retirarse a un convento.
«La Brute» es la odisea de un barco que se dice habitado por el espíritu del mal. Imposible de gobernar, causa por lo menos una muerte por viaje y siembra el terror en los puertos y en el mar. La historia de estas catástrofes es la que cuenta el narrador, relato lleno de sangre y de amor que concluye finalmente cuando la «Brute» se estrella un día contra las rocas dando fin así a la larga serie de desgracias que ella misma provocó.
«Un anarquista»: una importante fábrica de extractos de carne, la Compañía B.O.S. Limited, ha instalado en una isla, en la desembocadura de un río de América del Sur, unos inmensos parques de animales. El jefe de la expedición no ha podido retener al mecánico encargado de manejar la pequeña embarcación a vapor de la explotación, hasta que un día llega un forzado francés que se ha fugado de Cayena, al que contrata sin pagarle y va contando por todas partes que se trata de un peligroso anarquista de Barcelona. En realidad, procede de París, donde fue arrestado un día acusado de propagandista del anarquismo, aunque la verdad es que era un excelente obrero mecánico que gritó «¡Viva la anarquía!» un día que estaba embriagado. Consumido por el clima, prefiere, no obstante, no regresar a Europa y esperar la muerte lejos de los hombres y de su justicia.
«El Duelo»: en Estrasburgo, bajo el reinado de Napoleón I, el lugarteniente Hubert es encargado de prevenir al lugarteniente Féraud de que debe tomar las disposiciones de rigor. Féraud provoca inmediatamente a un duelo a Hubert, quien a pesar de que encuentra ridícula esta querella, no tiene más remedio que batirse. Hiere a Féraud, quien no le perdonará jamás: cada vez que el azar de las campañas napoleónicas reúne a ambos oficiales en una misma ciudad, Féraud envía sus testigos a Hubert y le obliga a batirse, sin que nadie, ni aun los mismos interesados, sepa por qué. Herido durante la campaña de Francia, Hubert no puede reemprender el servicio durante los Cien Días y Luis XVIII le confirma en su grado de general, mientras Féraud figura en la lista de los veinte generales que deben ser ejecutados. Hubert se entera y pide a Fouché el indulto de su eterno adversario: Féraud es exilado a residencia forzosa. Mientras tanto Hubert debe casarse con una joven noble a quien adora, pero cuyos sentimientos respecto a él ignora. Féraud le provoca una semana antes de su casamiento y se baten a pistola. Hubert perdona la vida a Féraud y hace que se le conceda una pensión, pues gracias a este último duelo descubre que su prometida le ama verdaderamente.
«Il Conte»: El «conde», tal es el sobrenombre que se le da a un viejo asiduo de la Riviera italiana, tipo de hombre de mundo acabado que tiene verdadero horror por todo aquello que es excesivo. Imperiosas razones de salud le obligan a vivir en Nápoles. Una tarde es atacado en un parque público por un joven de cuidado aspecto, que le obliga bajo la amenaza de un puñal a entregarle el dinero y el reloj. «II conte», habiendo encontrado una pieza de oro, va a continuación a cenar a un café célebre. Su agresor se halla en una mesa vecina, y se explica al conde que se trata de un joven de excelente familia, estudiante y jefe de banda. «Il conte», considerando «manchada su dignidad por un ultraje odioso», abandona para siempre Italia, lo que, dado su estado de salud, equivale a un suicidio. Joseph Conrad escribió a su editor Methuen: «Cada uno de estos cuentos es el relato de incidentes… y no un relato de análisis. No se trata, pues, de estudios, estos cuentos no abordan ningún problema. Son simples narraciones que he hecho lo mejor que he podido para retener simplemente el interés de los lectores. Puedo añadir quizá que en esta colección he intentado cierto virtuosismo de estilo». Virtuosismo de estilo, interés de los temas, estudio penetrante de los seres y de las cosas, humor; estos seis cuentos están escritos con la maestría que caracteriza el arte de Conrad.

