La Feria De Las Vanidades, William Makepeace Thackeray

[Vanity Fair]. Novela de William Makepeace Thackeray (1811-1863), publicada por entre­gas mensuales desde enero de 1847 a julio de 1848, y en volumen en 1848. En la novela se desarrollan dos intrigas distintas tan sólo unidas entre sí por ligerísimos lazos. Una de ellas narra la vida y las aventuras de una mujer valerosa, de rara inteligencia y pocos escrúpulos, Becky Sharp. La otra gira en tomo a una compañera de colegio de ésta, Amelia Sedley. Al dejar el colegio, Becky pasa algunas semanas en casa de los Sed- ley, donde intenta cautivar a Jos, hermano de Amelia. Becky es pobre, debe ganarse la vida por sí misma y ama sobre todas las cosas el dinero y el poder que proporcio­na; por esto, si bien Jos es un despreciable cobarde y borrachín, ella hace todo lo po­sible para conquistarlo, y lo conseguiría si el novio de Amelia, George Osborne, no interviniese en el último momento para impedir a Jos que haga su honrada decla­ración. Becky entra entonces como ama de llaves en casa de Sir Pitt Crawley, donde consigue hacerse amar por todos, incluso por miss Crawley, la riquísima hermana de Sir Pitt, y por el barón mismo, quien, a la muerte de Lady Crawley, le propone que se case con él. Pero desgraciadamente ella ya se ha casado secretamente con Rawdon Crawley, segundo hijo de Sir Pitt y so­brino preferido de Miss Crawley.

Al saber este matrimonio, la tía deshereda al so­brino y Becky empieza de nuevo a luchar para procurarse dinero a toda costa. To­dos los medios son buenos para lograr su objetivo. Ella va pasando así de aventura en aventura y de intriga, en intriga, con­siguiendo salir airosa de los peores atolla­deros. Amelia Sedley es el reverso de Bec­ky: sincera, sencilla, honrada y un poco tonta. Ama con todo su corazón a su pro­metido George, joven egoísta y frívolo, el cual, cuando el padre de Amelia pierde to­das sus riquezas, está a punto de romper el compromiso. Un colega suyo, el capitán Dobbin, un infortunado admirador de Ame­lia, le impide llevar a cabo esta mala ac­ción y el matrimonio se realiza a pesar de la oposición del viejo Osborne. Pero George cae en Waterloo y Amelia, desesperada por su muerte, vive durante largos años en la más negra miseria, rechazando la corte del devoto Dobbin para permanecer fiel al re­cuerdo de su marido. Sólo cuando se entera por Becky que George no merecía tan apasionada devoción, se decide finalmente, des­pués de quince años de viudedad, a casarse con su fiel admirador, convertido ya en co­ronel Dobbin. Cuando, en 1846, se disponía a publicar esta novela, Thackeray tenía ya una modesta notoriedad en el mundo lite­rario por su colaboración en revistas muy conocidas, como el «Fraser’s Magazine» y el «Punch» (v.), pero su gran aspiración era la de crear una obra de más enverga­dura, más consistente: así nació La feria de las vanidades, que, si bien fue acogida al principio por el público con cierta frial­dad, consagró la fama de Thackeray.

La novela tiene un subtítulo, «A Novel without a Hero» («Novela sin protagonista») y pue­de decirse que verdaderamente la revolu­ción llevada por Thackeray en el mundo literario con toda su obra, y en particular con esta novela, queda resumida en esta frase. Dejamos de encontrarnos ante el mundo ficticio y rebuscado de la novela de tesis, que prevaleció en la primera época victoriana, en la cual la heroína tiene to­das las virtudes o todos los vicios, la bon­dad es recompensada, y el vicio, castigado; nos encontramos ante la cruda realidad de la vida; ante el buen sentido de la natu­raleza humana en lugar de un estúpido sentimentalismo y de los inútiles prejuicios; no ante muñecos, sino ante hombres. Es éste, en resumen, el mensaje lanzado por Thackeray con esta obra, en la que se afir­ma de una manera indiscutible su genia­lidad. La narración, que tiene la amplitud de un fresco, presenta y describe las más distintas clases sociales; la fría y aguda crítica de los hombres no ha atenuado la vivacidad y variedad de los retratos de muchos de sus personajes. Por encima de todos, domina la personalísima figura de Becky Sharp; en ella el realismo de Thac­keray alcanza una fuerza y una autenticidad que el mismo escritor no pudo ya supe­rar. Alrededor de Becky hay una legión de figuras inolvidables, todas ellas igualmente vivas, porque todas, ya sean buenas o ma­las, son profundamente humanas. La obra no carece, empero, de los que fueron los defectos característicos de todo el arte de Thackeray; en conjunto, falta cohesión a la obra, debido a la excesiva longitud y complicación del relato. La feria de las va­nidades ha quedado, empero, como una obra de capital importancia dentro del des­arrollo de la novela inglesa del siglo XIX. De la novela se hizo una película en co­lores, Becky Sharp (1935), realizada por Rouben Mamoulian. La novela ya había sido llevada a la pantalla por Chester M. Franklin. [Trad. de Alfonso Nadal (Bar­celona, 1943)].

S. Rosati

La estructura de La Feria de las vanida­des es el éxito técnico más grande de Thac­keray; y la originalidad constructiva es su más grande talento técnico. (D. Cecil)