La Fábula del Sordomudo que Fué Milagrosamente Curado el Año de Gracia de 1266, Gabriel D’Annunzio

[Le dit du sourd et muet qui fut miraculé en Van de gráce 1266]. Es la úl­tima obra fantástica compuesta en falso francés antiguo por Gabriel D’Annunzio (1863-1938), y aparecida en 1936. Escrita inmediatamente después del mensaje «A los buenos caballeros latinos de Francia e Italia», incluida más tarde en el volumen Teneo te, África (v.), más que un punto de arranque (que era el de la «Confesión del ingrato» que se lee en la edición de 1932 de Sudor de Sangre (v.), es decir, el apa­sionado reproche a Francia por su injus­ticia para con Italia en la época de las san­ciones), es una prosecución del texto: la evocación, como antiguo alarde de amor, de los estudios de filología románica en los años universitarios de Roma, y la ficción caprichosa y erudita de haber estado en Francia con Brunetto Latini, y, siendo sordomudo, haber recobrado el habla (el fran­cés), contemplando llorar al rey Luis en la Santa Capilla.

La nueva obra comienza en este punto, aludiendo apenas a las circuns­tancias políticas de aquel mensaje, y for­zando el hallazgo fantástico para obtener de él todos los efectos que se proponía, con la continuación de las extraordinarias aven­turas del joven tan milagrosamente curado, primero guerrero cruzado con Guillermo de Orange, y después enamorado caballero. El gusto por el lenguaje ficticio, el «falso an­tiguo», predomina en la falsísima prosa, no a la manera del lenguaje coruscante del Segundo amante de Lucrezia Buti (v.), sino como en la Vida de Cola di Rienzo (v.). Se trata de una obra floja y de tono menor, sobre todo por lo poco adecuado del uso poético del «falso antiguo». Sin embargo, por el gusto decorativo, este lenguaje, lo mismo que ocurre en el Martirio de San Sebastián (v.) y en los demás escritos en francés, ayuda un poco a comprender lo que del antiguo D’Annunzio se manifiesta en la obra; algún toque trémulo de paisaje, al­guna nueva imagen de la Duse, temblores y angustias; y también el sentido de exal­tación del curado milagrosamente, de la mirada triste y severa de Guillermo sobre el agitado jovencito, el cabalgar de éste hacia lejanas aventuras, todo aquello, en suma, de lo que propiamente nace esta última fantasía del cansado poeta.

E. D. Michelis