Poema español en octava rima de Pedro de Espinosa (1578-1650). A pesar de sus numerosas rimas sacras y profanas, Pedro de Espinosa sería recordado solamente como el compilador de las Flores de poetas ilustres de España (1605), si no hubiese firmado también las magníficas octavas de esta fábula, sin duda la más bella en su género de la literatura española junto a la Fábula de Polifemo (v.) de Góngora. Inspirándose en las Metamorfosis (v.) de Ovidio, narra la transformación de la ninfa Cinaris en agua. El río Genil, enamorado de la bella Cinaris, canta su pasión infeliz de modo que recuerda muy de cerca al lamento de Polifemo en el poemita gongorino, pero, más afortunado que el monstruo, obtiene del padre Betis la mano de la ninfa, la que para huir del abrazo del numen fluvial, se transforma en límpida agua. En el poemita, el hermetismo de Góngora («culteranismo») está sabiamente temperado, hasta desde el punto de vista del lenguaje, que está menos plagado de latinismos, sin menoscabo del fantasioso decorativismo que constituye el mayor mérito de esta singular composición. De tal modo Pedro de Espinosa constituye un sucedáneo de Góngora, que puede ser aceptado incluso por los más encarnizados enemigos del gran poeta cordobés.
A. R. Ferrarin
La Fábula del Genil es superior a todo lo del divino Herrera, y no produjo un trozo igual la misma Grecia. (J. M.a Capitán)
La preferencia por la imagen poética creada y la riqueza y brillantez de su inventiva, aproxima la bellísima fábula a la sensibilidad de nuestro momento literario. (J. M.a de Cossío)

