La Espera, Joaquim Ruyra

[La parada]. Bajo este título, el narrador y poeta catalán reunió un grupo de siete historias y fantasías heterogéneas: La pa­rada [La espera]; El vals final [El último vals]; D’una olor [De un olor]; La mirada del pobret \La mirada del pobrecito]; El primer Ilustre dyamor [El primer lustro de amor]; La fi del món a Girona [El fin del mundo en Gerona] y El malcontent [El cascarrabias]. De estas siete narraciones la más extensa y la mejor elaborada es la que encabeza el libro (aparecido en 1919) y que le da título: La parada.

La trama es sencillísima: el protagonista de la historia — posiblemente el mismo Ruyra— prepara, a hurtadillas, con Lluís y Xaneta, dos amigos, una gran aventura —grande sobre todo para su joven imaginación—, llena de incentivos y riesgos, tan atrayentes para un adolescente. Se trataba de estar a la espera desde la madrugada con el fin de atrapar pájaros por medio del reclamo y del vesc [liga]. La operación era difícil porque tenía que realizarse a escondidas de la familia. Y entonces Ruyra explica con acierto maravilloso el estado psicoló­gico del protagonista que, en plena noche, debe levantarse, para tenerlo todo dispues­to al alba.

Los ruidos, el temor, los objetos que toman formas monstruosas en la oscu­ridad, las sombras, hasta su propio aliento, todo parece conjurarse para impedir esta silenciosa fuga de la casa paterna donde todos duermen. Por fin los tres amigos se reúnen y llegan hasta un cerro, donde pasan el tiempo que queda hasta que apun­te la aurora, contando leyendas, calentándose junto ai fuego de una hoguera y sa­boreando el placer, en el fondo algo mor­boso, que les proporcionará el acecho y luego la captura de las piezas vivas. Pero al nacer el día, divisan a lo lejos la figura de Llambregues, un hombrón del pueblo que acostumbra a apostarse en aquel sitio para capturar pájaros como ellos. Después de unos momentos angustiosos, consiguen ahuyentarle por medio de una ingeniosa e infantil estratagema. Al fin los reclamos rompen el canto y poco a poco van llegando los pájaros, diversos en especies, en trinos, en colores, en formas.

Ruyra aprovecha la descripción del paso de las avecillas para demostrar con sencillez su profundo y vivo conocimiento de la naturaleza y de los seres que la pueblan. Su estilo es natural, sabroso y plenamente enraizado en la vá­lida y rica lengua popular, cuyos diálogos, en el dialecto salat de la Costa Brava, transcribe casi taquigráficamente. A través de la fuerza evocadora del lenguaje directo y sugestivo llega a hacernos compartir las extraordinarias vivencias que aquella no­che y madrugada llenaron su espíritu. Al final su sentimentalismo adolescente sufre al comprobar cómo Xaneta da muerte a las hembras capturadas y se reserva los machos porque cantan maravillosamente.

A. Manent