La Duquesa de Padua, Oscar Wilde

[The Duchess of Padua]. Tragedia en cinco actos del poe­ta inglés. Repre­sentada en América en 1891, no tuvo buena acogida. En realidad es el menos personal de los trabajos teatrales de Wilde. Fru­to de una imitación de modelos isabelinos, le permite, por su particular argumento, acercarse a la paradoja y tomar una acti­tud de estetismo que falsea la realidad aun sin llegar a desfigurarla. Los precedentes de esta tragedia se buscan generalmente en algunos dramas de Shakespeare, de los que Wilde extrajo sobre todo la estructura del diálogo con versos que se alternan con la prosa, y en la Duquesa de Malfi (v.) de Webster que le proporcionó el convencional escenario italiano. No faltan incluso in­fluencias del romanticismo francés.

La vi­cisitud, debida a la pura fantasía, tiene lugar en una Padua imaginaria de la se­gunda mitad del siglo XVI. Guido Ferranti, que debería vengar la muerte de su padre, debida a la traición de Simone Gesso, du­que de Padua, olvida su trágico deber a causa de la imprevista y violenta pasión que nace entre él y Beatrice, mujer del duque. El conde Moranzone, amigo del fallecido padre de Guido, consigue de todos modos alejarlo de su nuevo sentimiento, recordándole que no puede sustraerse a la venganza. Desde este momento hasta la catástrofe final la tragedia continúa con un efecto impre­visto tras otro. Beatrice mata a su marido por amor de su amante, y cuando él, horro­rizado la rechaza, su amor se transforma en odio y ella acusa a Guido del crimen.

Durante el proceso, el valor y la nobleza del joven vuelven a despertar en Beatrice la pasión; la mujer se disfraza y penetra en el calabozo de Guido para ofrecerle posi­bilidad de huir, pero, encontrándole dor­mido, bebe el veneno que había sido pre­parado para él. Al despertarse, Guido, que renuncia a la fuga para detenerse con la mujer en un último coloquio de amor, asis­te a la terrible agonía de Beatrice y acaba matándose sobre su cadáver. Después de una primera y desafortunada tentativa, la tragedia dejó de ser representada y publicada. Es uno de los escritos menos logrados de Wilde y la poca poesía que contiene es aho­gada por la retórica.

B. Schick