[La Dame aux camélias]. Título de una novela y de un drama de Alexandre Dumas hijo (1824-1895)- La novela, escrita a los 23 años, obtuvo, en 1848, un gran éxito; el drama, representado en 1882, consiguió en seguida, tanto en la capital francesa como en el extranjero, una resonancia enorme.
El asunto de la novela y del drama (con algunas variantes de poca importancia) es el amor de un joven de buena familia, Armando Duval (v.) por una cortesana de moda, Margarita Gautier (v.). Arrastrada por una pasión sana y profunda fuera de su equívoco mundo, Margarita siente la necesidad de llevar a su amor lejos de la gente frecuentada por ella, con un deseo nuevo de pureza y soledad. Se refugian, pues, en una casita en el campo (en Auteuil en el drama, en Bougival en la novela), donde su idilio adquiere por un momento la plenitud de la efímera felicidad consentida al amor. Pero en aquella misma casa el padre de Armando se hace anunciar en secreto a Margarita. El anciano comprende la sinceridad de su amor, pero también Margarita ha de comprender que constituye un obstáculo para la vida y el porvenir de Armando, mientras una joven hermana suya no puede casarse con el hombre amado debido a la deshonrosa relación del hermano.
Pide a Margarita el gran sacrificio y ella se rinde y huye. Armando, que no sabe nada, cree a la mujer cansada de él y deseosa de una relación más remuneradora; la encuentra algún tiempo más tarde en París, amante del conde de Varville y, desesperado, le lanza a la cara delante de todos una cantidad que acaba de ganar en el juego y declara que así queda en paz con ella. La mujer no soporta tanta humillación (en la novela, Armando le impone públicamente su relación con la cortesana Olimpia), y su salud, ya débil, queda destruida para siempre. La enfermedad toma una forma rápida y sin esperanza y cuando la fiel ama de llaves Nanette, sin saberlo su señora, revela a Armando, en una carta, la verdad, el joven acude apenas a tiempo para recoger, en el lecho de muerte de la amada, su último suspiro. Con la primera representación de la Dama de las Camelias, se suele hacer coincidir el inicio del realismo en la escena y ciertamente la «comedia de moeurs» nace de este drama. Colocada entre dos épocas, todavía entretejida en un pasional lirismo romántico y dirigida ya a la observación de los modales y problemas de una sociedad, la Dama de las Camelias había de constituir la feliz fusión de dos estilos y dos actitudes.
En la verdad objetiva de un clima realista, Margarita Gautier, con su gran amor silencioso y su muerte patética, adquirió un dramatismo conmovedor que le hizo superior a tantas otras heroínas románticas que, sin embargo, la habían precedido en el tipo, y muy pronto apareció como personaje dramático de humanidad elevada y prepotente. [La primera edición castellana de la novela, traducida por M. y B. apareció en Barcelona, en 1856, y fue reimpresa en 1857. Es preciso citar, además, la versión de F. R. Carrasco (Barcelona, 1856); de Manuel Carrillo Aguirre (París, 1859); Busquets y Morera (Barcelona, 1861); Juan Alonso del Real (Barcelona, 1894); Pedro Clavijo (Barcelona, 1910); Rogerio Z. Falguera (Barcelona, 1912) y las dos excelentes de Gregorio Martínez Sierra (Madrid, 1918) y de Eduardo Mar quina (Madrid, 1920). La más divulgada modernamente ha sido, tal vez, la de M. T. de Llanos (Madrid, 1932). Las versiones más importantes del drama son la de Ramón Álvarez Tubau (Madrid, 1892) y la de Antonio de Vilasalba (Barcelona, 1904)].
G. G. Severi
La Dame aux camélias revelaba un ambiente, el de la sociedad equívoca, en contacto con otra sociedad, la burguesa. En este ambiente hay seres vivos, Margarita Gautier y Duval. Ello era suficiente para revolucionar un teatro «scribeficado». Faltan los tipos, un estilo, una acción y un idioma. Dumas encontrará más tarde estilo, acción e idioma. (Thibaudet)
* Del drama de Dumas se sacó La Traviata [La mujer perdida], decimonovena ópera de Giuseppe Verdi (1813-1901), sobre libro de Francesco Maria Piave (1810-1876), representada en el Fenice de Venecia en 1853. Está clasificada como «ópera» y consta de dos preludios (I y IV actos) y doce fragmentos en cuatro actos. Cambiados los nombres de los personajes de Margarita en Violeta Valery y de Armando en Alfredo Germont, la trama sigue fielmente a la novela excepto en el final; la época está anticipada al Setecientos. La tesis social y moral de la rehabilitación de la pecadora desaparece en el drama verdiano y cede el paso a la sublimidad del sentimiento del amor, del dolor y de la muerte, de modo que la catástrofe no es el elemento culminante en la sustentación de la idea, sino la catarsis del drama psicológico y la página más emotiva de una existencia poetizada. La psicología, que en la primera mitad del siglo XIX llevó a la creación de personajes y acontecimientos en tantas formas del arte y que desde las primeras óperas verdianas hasta el Trovador (v.), había influido cada vez más en las modalidades conceptuales y expresivas de Verdi, es en la Traviata la base de la reflexión y el germen del desarrollo.
Los estados de ánimo, el fluir de los sentimientos, la vida continua de las pasiones y su transformación son el objeto más importante de la descripción musical. Los cantos reflejan los sentimientos íntimos y llenos de pasión. Nunca hasta entonces había Verdi conseguido expresiones dramáticas y musicales de parecida altura. Exceptuando algunas escenas secundarias y algunas páginas (coros, conjuntos), que por la falta de elegancia y el amaneramiento resultan inoportunas, toda la ópera es fervorosa, amable, afectuosa, apasionada, melancólica, conmovedora. Predomina la personalidad de la protagonista, cuya continuidad vital no tiene interrupciones e interesa y conmueve cada vez más; vive por reflejo, a su lado, Alfredo; también es primaria la persona de Germont, el padre, cuyos encuentros con Violeta son intensos de dramatismo y de evolución sentimental; los dos preludios, así como muchos pasajes instrumentales, aportan una elocuencia patética cuya sutileza desciende a las más secretas intimidades del alma. La unidad estilística y sentimental marca toda la obra. Ésta no gustó en la primera representación debido a las deficiencias de algunos cantantes que Verdi había, por otra parte, aceptado de mala gana. Retocada en algunas partes y repetida catorce meses más tarde en el teatro S Benedetto, en Venecia, triunfó. Algunos biógrafos han destacado que en la época de la composición, que fue contemporánea a la del Trovador, el estado familiar de Ver- di pudo sugerirle alguna emoción e inspirarlo.
En efecto, hacia 1852, la salud de su mujer, Giuseppina Strepponi, enferma desde la juventud, despertó muchas preocupaciones; análogos a los prejuicios morales y sociales del padre de Alfredo eran los chismorreos de sus paisanos sobre la vida de la Strepponi, que había sido amiga del empresario Merelli, había tenido de él un hijo y, antes de celebrar las bodas, había convivido muchos años con Verdi. Vicisitudes y amarguras que, claramente expresadas en cartas de Verdi, se entrevén también, como sombras, en la correspondencia (1853) de Giuseppina, a quien Verdi estaba unido por un amor fuerte e inteligente. A. Della Corte
La Traviata me gusta. Es una ópera que llega al alma. Desde algún tiempo los snobs la han colocado entre las óperas despreciables y puede suceder que ya no la recuerden. Pero una buena cosa puede amarse por sí misma sin tener que hablar de ella… Verdi dio a la Dama de las camelias el estilo que le faltaba. Lo digo, no porque me parezca despreciable el drama de Alejandro Dumas hijo, sino porque cuando una obra dramática pulsa los sentimientos populares, necesita música. (Proust)

