La Coronación de Popea, Claudio Monteverdi

[L’Incoronazione di Popea]. La última ópera de Claudio Monteverdi (1567-1643), con libreto de Busenello, representada en Venecia en 1642.

Enamorado de Popea, Nerón (v.) bus­ca pretextos para proclamarla emperatriz y repudiar a su consorte Octavia. Popea fa­vorece su triunfo, ya con adulaciones y ha­lagos, ya con perfidias contra los buenos consejeros de Nerón. Uno de ellos, Séneca, es condenado a muerte. Octavia arma la mano de Otón, amante de Popea, contra su rival. Otón, que quiere vengarse de su abandono, promete su amor a Drusila, y hace que ella le preste sus vestidos y dis­frazado así se dispone a apuñalar a Popea cuando duerme. El Amor interviene y sal­va a Popea. Otón y Drusila son condena­dos e indultados. Octavia es desterrada, Ne­rón se casa con Popea, en presencia del Se­nado y del pueblo. Ésta es la más moderna entre las obras de Monteverdi y la más bella entre las que pudo contar el género pseudohistórico del siglo XVII. Los caracte­res adquieren fuerte relieve en los monólo­gos y en los diálogos, tanto en sus plásticos recitativos como en sus arias. Por ejemplo, el diálogo de los soldados que velan de­lante de la puerta de Popea es un primer ensayo del verismo representativo que Mon­teverdi conseguía con la inmediatez del discurso musical.

Su recitativo es como una vivaz y colorida prosa, tejida de ritmos imi­tativos. Distinto gusto muestra el diálogo de Popea y Nerón; emerge en él el ero­tismo del siglo XVIII, lánguido y sensual, de carácter aristocrático. Además es per­ceptible el abandono, la debilidad de Nerón, opuesta a la envolvente suavidad de Popea. Muy realistas son las interrupciones de ella, cuando el César alude a la repudiación de Octavia. Obtenida la promesa, brota el can­to de Popea, mezclado de secreta perfidia y superficial alegría. De los más breves pe­ríodos pasa el diálogo a las melódicas efu­siones de Nerón, vencido por la pasión y gimiente, mientras Popea lo incita más. La separación de los amantes es un rasgo maestro de psicología. También está bien de­lineado el carácter de Octavia. En un mag­nífico arioso, vehemente y sombrío, nos muestra una femineidad completamente di­versa de la de Popea. Sobresale también Séneca, grave, lento, como es propio en un hombre meditativo y no dado a la acción exterior. A estos caracteres «serios», se con­traponen los del Criado y la Doncella.

La gradación de lo trágico a lo cómico es también humanísima. Este criado debe ser entendido como pequeño bufón de corte, el cual, despreocupado y protegido, se da bue­na vida e interviene para sostener los de­rechos de su dama. La irreverencia para con Séneca es mordaz, cáustica, populache­ra pero elegantísima. Su duelo con la Don­cella es una obra maestra de gracia y de argucia. Octavia dice su adiós a Roma, a sus amigos, con un discurso interrumpido por pausas y sollozos, que se inflama en las invectivas y termina en tono lastimero: un exaltado discurso de Nerón que proclama a Popea emperatriz; las respuestas de ella aparentemente humildes y devotas; una brillante sinfonía; un coro de tribunos y de cónsules y una amorosa aria a dos vo­ces de Nerón y de Popea después de la coronación, concluyen este drama musical, cuyas únicas páginas defectuosas son las de los personajes mitológicos.

A. Della Corte

Una de las perlas más preciosas del teatro musical. (H. Pruniéres)