Poema célebre en la literatura argentina, el más significativo del primer romanticismo en el Plata. Esteban Echevarría (1805-1851) lo publicó en 1837 en el volumen de Las Rimas, el tercero de sus libros (v. Los consuelos). En las Obras completas que de él publicó en cinco tomos el crítico Juan María Gutiérrez, a partir de 1870. La Cautiva aparece en el primero separada de la parte lírica de Las Rimas y desde entonces se la imprime aparte. Forman el poema nueve cantos en metros diversos, con predominio del popular octosílabo («El desierto», «El festín», «El puñal», «La alborada», «El pajonal», «La espera», «La quemazón», «Brián», «María») y un epílogo. La Cautiva es el poema de la pampa y del indio. Narra con colores románticos un episodio de la vida fronteriza. Pero no son los personajes ni la acción, vagamente entrevistos por el lector, lo que constituye el valor poético de La Cautiva, sino que es el fondo del cuadro lo que le da significación nacional. La trágica historia de Brián y María, algo nebulosa como todas las que hiló la fantasía del poeta, es apenas el pretexto para describir la pampa, su salvaje grandeza, sus aterradores espectáculos, el festín de los indios, el incendio del pajonal. Justamente celebrado y muy popular es el primer canto, «El desierto», que lleva por epígrafe el verso de Víctor Hugo en «Mazeppa»: «lis vont. L’espace est grand».
R. F. Giusti

