La Casa de las Penas, George Bernard Shaw

[Heartbrealc House]. Comedia en tres actos de George Bernard Shaw (1856-1950), escrita en 1917 durante la primera guerra mundial y pu­blicada en 1919. La «casa afligida» es la mo­rada de un viejo lobo de mar, el octogenario capitán Shotover, que la ha construido en forma de barco. Hombre solitario y lleno de manías, desea alcanzar el séptimo grado de concentración, pero entretanto bebe ron en grandes cantidades sin acusarlo demasiado y acumula dinamita en un foso. Con él vive una de sus hijas, Jone, con su marido Héctor, un Don Juan inocuo y holgazán. La otra hija, Ariadna, se ha casado contra la volun­tad de su padre con un vicegobernador de colonias, y no debería volver a poner los pies en la casa. Pero después de veintitrés años de ausencia, se atreve a volver: el pa­dre, que al principio no la reconoce, tolera luego su presencia como tolera la del cu­ñado de ella, Rodolfo, y de otros huéspedes que han ido a visitar a Jone: la señorita Ellie, su padre, Mazzini Dunn, y Mangan, un caballero de industria, especulador avi­sado y sin escrúpulos. Éste, para sus fines, entregó un capital a Mazzini Dunn para que fundase una empresa cuya quiebra preveía: producida la ruina, ha vuelto a levantar el negocio en beneficio propio, dando la direc­ción a Dunn que, con su candor de idealista, le adora y le está agradecido.

También Ellie considera a Mangan como bienhechor, y admirándole, está dispuesta a aceptarle por marido sacrificando al bienestar la pasión que siente por cierto Mario, un joven que le ha explicado cosas extrañas sobre su vida. Pero cuando Jone le presenta a su marido, Ellie reconoce en éste a su Mario. El estupor de la muchacha aumenta con la cínica confesión de Mangan sobre sus ver­daderas relaciones con su padre. Después de una escena de insultos, Ellie, durmiendo a Mangan con procedimientos hipnóticos, le hace confesar que en realidad no es rico, sino que trabaja y vive con capitales ajenos. Entretanto Ariadna es cortejada por sus dos cuñados, Rodolfo y Héctor, celosos uno de otro. Ellie, en este mundo corrompido y mentiroso, encuentra que sólo el viejo Sho­tover es puro y le pide ser su «esposa espi­ritual». En medio del enredo, un ladrón se introduce en la casa para robar; sorpren­dido, pide ser denunciado para expiar sus culpas, pero nadie quiere soportar molestias.

Mientras están discutiendo, pasan aeropla­nos enemigos. Mangan y el ladrón se refu­gian en el foso lleno de dinamita; una bom­ba explota y ambos perecen. Los demás se salvan. En el prefacio el autor advierte que ha querido representar la sociedad moderna donde la guerra ha destruido todas las ta­blas de valores y confía sólo en la «life forcé», la fuerza vital. Un tema similar era el más a propósito para la vena satírica del escritor que aprovechó todas las ocasiones de los contrastes y desequilibrios de un mundo sólo sometido a convencionalismos, y combinó en un juego escénico movido y desanudado, soluciones de una comicidad incluso demasiado atrevida y un diálogo rico en paradojas y amargas verdades. [Tra­ducción de Julio Broutá (Madrid, s. a.)]

É. Di Carlo Seregni