La Belle Dame Sans Merci, Joan Keats

Bala­da inglesa de Joan Keats (1795-1831), com­puesta el 28 de abril de 1819, publicada en la revista «The Indicator» en 1820 y repro­ducida más tarde en todas las ediciones completas de las obras de Keats. El título está tomado de un poema que fue creído traducción, debida a Chaucer, del diálogo en verso del poeta francés Alain Chartier (1395-1430-49), La belle dame sans merci, sutil análisis de amor; pero este boceto está tratado por Keats independientemente y de modo más similar a la inspiración de Spenser. Un caballero exangüe y abatido narra un encuentro con «la hermosa dama despia­dada», describe su belleza, y explica que pasó con ella cierto tiempo, en el cual la dama mostró amarle; dice que por fin se durmió y soñó que reyes, príncipes y gue­rreros mortalmente pálidos le compadecían por estar en poder de la dama. Al despertarse, se encontró solo en el declive de una colina, angustiado por el deseo de volver a encontrar a la amada.

Esta breve poesía es muy importante por la influencia que ejerció. El gusto romántico de tratar temas medievales se ejerce con tan delicada sen­sibilidad y con arte tan perfecto que la ba­lada se convirtió casi en punto de partida del prerrafaelismo (v.) y al mismo tiempo en su modelo. La tendencia de Keats a re­vestir con detalles sensibles y sensuales un núcleo espiritual encuentra en esta poesía uno de los ejemplos más completos. El en­canto de un amor fatal, el misterio del en­cuentro fugaz y de la felicidad perecedera, aumentados con el detalle de que también la dama llora, suspira y gime, como su­friendo del dolor que atormentará al aman­te, se pueden interpretar como la ilusión de una voluptuosidad que no hace feliz, o como la imposibilidad de conservar la posesión de la belleza. Más que una signifi­cación precisa, es un estado de ánimo aprensivo ante el misterio, el que Keats ha puesto en esta balada, que tiene, cierta­mente, un carácter decorativo, pero donde el mismo paisaje que se repite al principio y al fin como un escalofrío, contribuye a que el misterio y el encantamiento estén suspendidos en la alada música que el arte de Keats, en su plenitud, sabe extraer de las palabras [Trad. M. Manent, Románticos y Victorianos, Barcelona, 1945].

S. Rosati