La Bella Molinera, Wilhelm Müller

[Die Schóne Müllerin]. Colección de versos del poeta alemán Wilhelm Müller (1794-1827), conoci­da también con el título de Cantos del Mo­linero [Müllerslieder] publicados en 1824. Estudiante en Berlín, Müller tomaba parte en las diversiones poéticas que se organiza­ban en casa del Kriegsrath Staegmann. En una de aquellas ocasiones, habiéndole sido asignado el papel de molinero (Müller), es­cribió (1816) estas breves poesías que fue­ron entonces musicadas por Ludwig Berger. Narran en un escenario campestre, las desventuras del pobre molinero enamorado y traicionado. Aunque carentes de verdadero valor poético, estos versos, ricos en moti­vos heredados de la poesía erótica y arcádica del siglo precedente, tienen una estruc­tura agraciada, adaptada perfectamente al breve episodio que pinta, en fácil desarro­llo de poesía popular, que reflejaba la más genuina inspiración de Müller.

G. Federici

*       Sin embargo, la colección debe su celebridad a la música que le puso Franz Schubert (1797-1823); según él cuenta vió el libro en casa de su a migo Randhartiguer, lo leyó y quedó impresionado. Al día siguiente tres de los famosos “Lieder” ya habían sido compuestos; según parece los demás fueron escritos durante los intervalos de su enfermedad. De toda la colección, Schubert escogió veinte poesías, las cuales puestas en música formaron una colección de “Lieder” con el mismo título de La bella molinera, publicada en 1824. Las melodías más bellas son: “Tilo” [Lindenbaum”], “La Posta” [Die Post], “El curioso” [“Der Neugierige»], «La impaciencia» [«Ungeduld»], «El saludo matutino» [«Morgrengruss»], y «Las flores marchitas» [«Trock’ns Blumen»], en que Schubert alcanza su expresión más cumplida y personal. Con todo, su genio mu­sical, que en el Romanticismo halló el cli­ma más adecuado, se fatiga tal vez con el repetirse de episodios y el desarrollo narra­tivo; el canto popular, que es la base de la inspiración melódica de Schubert, aparece aquí tal vez menos logrado que en otras composiciones suyas.

M. Tibaldi Chiesa