La Azotea o la Vida Veneciana, Henri de Régnier

[L’Altana ou la vie vénitienne]. Es el libro más cordial y humano que dedicó a Venecia Henri de Régnier (1863-1936). Fue publica­do en 1929. Lírico sincero, incluso adoran­do a la ciudad que le parecía la más bella del mundo, aun conociéndola en sus rin­cones más recónditos, siempre había con­servado, hasta entonces, ante Venecia, esa soledad, ese cansancio, ese individualismo que son característicos del temperamento lírico. Pero en los dos volúmenes de La azotea el procedimiento ha cambiado sen­siblemente. Diríase que desciende de un pedestal, que quiere, ante la ciudad, ser menos esteta y más confidencial. Continúa mirando a Venecia como un poeta, su sen­sibilidad va siempre a la captura de todos los matices de color, el escenario sigue sien­do conseguido con igual mano maestra; pero ahora se mueven personas en el escenario y el autor ya no está tan aislado en su torre de marfil; le vemos hacerse hombre entre los hombres, ejecutar trabajos humil­des, comprar los «fidibus» contra los mos­quitos «chez le signor Zampironi, pharmacien Calle San Moisé». La sensación de in­genuo orgullo de no sentirse turista de paso sino ciudadano veneciano genuino, que ya había experimentado mientras palpaba en su bolsillo la llave de su casa, se hace mo­tivo dominante en La azotea; pero ahora resulta más justificada, porque el poeta ya es partícipe de la vida de la ciudad. Verda­deramente la confianza bien puede nacer y desarrollarse al cabo de las diez estadías del poeta cuyo relato se hace en el libro. Pues La azotea quiere ser el compendio de re­cuerdos que se escalonan entre 1899 y 1924, con una estancia cada uno o dos años, rotos por la solución de continuidad del período bélico y postbélico, 1914-1924; durante el cual, sin embargo, el corazón del poeta nos­tálgico evocará, inquieto, la Venise menacée y se ingeniará en construir con proce­dimientos de juguete casero una Venise chez soi, un documento más de su amor inde­leble.

L. Fiumi