Ópera en tres actos del compositor bohemio Leoš Janaček (1854-1928), conocida también con el título Jeji Pastorkyna, sobre libreto de Gabriely Preiss. Primera representación: Brno, 21 de enero de 1904.
Jenúfa es una pobre muchacha que, seducida por un jovenzuelo, está a punto de arruinar toda su vida. Pero por ella vela su madrastra Kostelnička, mujer orgullosa, verdadera protagonista del drama, la cual, para salvar a Jenûfa no duda en dar muerte, arrojándolo al río, al niño fruto del error de un día. Y Jenûfa, que al igual que los demás ignora la culpa con la cual se ha manchado la madre, consiente en casarse con Laca que la ama desde hace mucho tiempo. El cortejo nupcial se dirige a la iglesia — triste por la tristeza de Jenúfa que aún llora a su hijito — cuando el pequeño pastor Jano viene a comunicar que en la arena del río se ha encontrado un cadáver de niño. Jenûfa reconoce a su hijo y loca de dolor confiesa su pecado, cuando Kostelnička se adelanta confesando la culpa a la que la han empujado el orgullo y el amor propio exasperado.
Y mientras la figura de Kostelnička se impone por su fiereza casi inhumana, Laca y Jenûfa se casan, unidos para siempre por una ternura purificada por el dolor. La música de Jenûfa se impone por la fuerza trágica y por el realismo dramático con que están descritos los personajes y las situaciones. La tragedia se desarrolla en un ambiente campesino; en el primer acto, el melancólico canto de los soldados a los cuales se opone el alegre tictac del xilófono, que reproduce el son del molino, el bello canto de los molineros, y, en el tercer acto, la caracterización magníficamente caricaturesca de la figura del alcalde y el canto sencillo e ingenuo de las jovencitas que se arremolinan tímidas junto a la novia, son elementos que crean el ambiente y hacen sentir el carácter nacionalista de la música de Janácek (la misma orientación que se encuentra en Smetana y en Dvorák). Las páginas más bellas, son, empero: en el primer acto, la plegaria de Jenûfa que refleja la angustia por el niño perdido; y en el segundo, el largo monólogo en que Kostelnička decide cometer el delito, donde la orquesta refleja intensamente sus dudas y su terror.
L. Fuá

