Frou-Frou, Henri Meilhac

Comedia en cinco actos de Henri Meilhac (1831-1897) y Ludovic Halévy (1834-1908), estrenada en París el 30 de octubre de 1869. El rico burgués Brigard es padre de dos hijas: Luisa y Gilberta. La primera es culta, recatada, nacida para la casa y la familia; la segunda es despreocu­pada, expansiva, amante del lujo y de las fiestas: de aquí su sobrenombre de Frou-Frou (v.). De ella se enamoran el conde de Valréas y el señor de Sartorys, excelentes partidos. Las dotes de seriedad y rectitud de Sartorys y sus perspectivas de una exce­lente carrera diplomática le dan mayores posibilidades que a Valréas, excelente jo­ven pero con fama de mujeriego, y Gilberta lo acepta, como podría aceptar a cual­quier otro partido, y continúa su vida entre recepciones, funciones y paseos. Cuida de la casa Luisa, que amaba y todavía ama en secreto a Sartorys. Libre de todo cui­dado doméstico y adorada por su marido, que no hace nada para que su mujer sea verdaderamente la señora de la familia, Gilberta acaba por corresponder al amor de Valréas y huye con él a Venecia.

Alcanza­dos por Sartorys, éste provoca a duelo al amante y lo mata. La terrible experiencia transforma a Gilberta, que se dedica a obras piadosas; pero su salud falla y regresa a París para volver a ver a su hijo antes de su fin. Así muere, rodeada de los suyos, consolada por el perdón de su marido, des­pués de haber expresado el íntimo lamento de su corazón: fue demasiado amada, pero escasamente comprendida. La comedia quie­re presentar un tipo de mujer ligera, pero honrada, a la que el amor, y una íntima, silenciosa y progresiva rebeldía, liberan, a través del dolor, de la pura frivolidad. Por la afinidad de sus situaciones recuerda la Casa de muñecas (v.) de Ibsen, pero esta comparación muestra la escasa profundidad de la obra francesa, convencionalmente ro­mántica, aun cuando el cuidado de los de­talles, la riqueza de las observaciones, la maestría en el corte de las escenas y la noble gracia del estilo le conservan su vi­talidad.

G. Falco