Fray Serafico, Adolf Pichler

[Fra’ Serafico]. Poema épico de Adolf Pichler (1819-1900), que apa­reció por primera vez en la «Wiener Abendpost» de 1877, y en un volumen el año si­guiente. El poeta narra cómo una vez, en las montañas de Pistoia, donde se encon­traba con objeto de hacer unos estudios geológicos, conoció a un ermitaño que le invitó a visitar su cabaña. Permaneció tres días en calidad de huésped del monje, que le maravillaba más de día en día por su gran cultura y su bondad. El ermitaño no sólo conocía los secretos más recónditos de la geología, sino que sabía orientarse de una manera excelente en la literatura, y con frecuencia era llamado por los campe­sinos para que les curase sus enfermedades. El poeta no había sabido resistir la cu­riosidad y había querido saber la historia del extraño ermitaño, quien había consen­tido en explicársela. Era hijo de un cien­tífico de Pisa, y en su juventud había es­tudiado Letras y, más tarde, Medicina. Por voluntad de María, su prometida, se había enrolado en los ejércitos de voluntarios de la guerra del «Risorgimento», y al volver se encontró con que María había muerto, a causa de una infección contraída curando a los enfermos de los hospitales. Presa de la desesperación, se retiró a la zona más salvaje de la Maremma, entregándose por completo a la pobre gente damnificada por la guerra, vistiendo finalmente los hábitos y siendo ordenado sacerdote. Ahora su vida pertenecía a la memoria de María y a los pobres que pedían auxilio.

El poeta, con­movido por la narración, descubrió que él había combatido contra Fray Seráfico en las filas austríacas. El poema tuvo gran éxito, por lo que Pichler decidió hacer una segunda parte, bastante floja y casi inútil. En ella continúa la historia de la primera parte, haciéndonos asistir a la edificante muerte del ermitaño, y narrando después la vida del sucesor de éste, también médico, convertido también en monje por una des­ilusión amorosa, con una mujer coqueta e indigna. A causa de ello durante muchos años había odiado a los hombres, pero las enseñanzas del ermitaño le habían llevado a amar a sus semejantes, y ahora, igual que Fray Seráfico, se ha entregado a hacer el bien a todos, incluso a aquellos que le ha­cen daño. Este poema está actualmente casi olvidado. Su interés es, más que nada, his­tórico, en cuanto constituye el correspon­diente austríaco del «San Ambrosio» (v. Poesías) de Giusti: la capacidad de comprensión humana aun frente al enemigo. Pichler, tirolés, profesor en Innsbruck, na­cionalista, sintió, a pesar de ello, profunda simpatía por la cultura italiana. El numen inspirador del epos de Pichler, repetidas veces invocado, es Dante, de la misma ma­nera que Dante invoca a Virgilio en la Di­vina Comedia (v.).

G. Guerrieri