Floridante, Bernardo Tasso

[Il Floridante]. Poema ca­balleresco de Bernardo Tasso (1493-1569), inacabado y publicado después de la muer­te de su autor, en 1587, y corregido y com­pletado en las partes más llenas de lagunas, por Torquato Tasso. La composición es de los últimos años de la vida del poeta, y es por lo tanto muy posterior a la obra maes­tra de Bernardo Tasso, el Amadigi (v. Amadís). Se puede pensar que la ocasión para escribir el Floridante se la dieron, al autor, las polémicas que se entablaron sobre la cuestión de la unidad de acción, después de la publicación y del éxito del Amadigi. Qui­so volver a la unidad de episodio, eliminan­do todas aquellas aventuras marginales y accesorias que en el otro poema se entre­lazan alrededor de la triple construcción de los amores de Amadís y Oriana (v.), de Alidoro y Mirinda, de Floridante y Filidora. Es precisamente esta última acción la que el poeta quería desarrollar aislada­mente en su nueva obra, quizá guiado tam­bién por una concepción cíclica del poema novelesco.

Los diecinueve cantos que han quedado son, sin embargo, muy inferiores al Amadigi; y esto depende en gran parte de que el trabajo quedó sin acabar y sin corregir. (Tasso, en esto, no se contentaba fácilmente: el mismo Amadigi, que a pri­mera vista puede parecer escrito casi de un tirón, sufrió más de una vez el ataque del corrector). El clima y el ambiente de la novela son los mismos que en el Ama­digi, aunque la figura de Floridante tiene una mayor importancia y se libera de los defectos que en el poema anterior le cau­saba su posición secundaria frente a la acción principal de la narración. Sin em­bargo, comparándola con el Amadigi, au­menta en esta obra, también por el mismo propósito de la empresa, el respeto hacia las reglas clásicas, mientras, por lo que se refiere al contenido, la fuente española que sirvió para el Amadigi está ahora ya muy lejos. Pocos fragmentos podemos hoy en día sacar de todo el poema, y los más co­nocidos no son tanto los narrativos como los descriptivos: los que podemos definir como «diversiones fantásticas» (a veces tan sólo unas octavas) y que nos hacen pensar en el ejemplo de Ariosto.

A. Seroni

Bernardo es todo flores y miel: tan arti­ficioso y prolijo como descuidado y árido Trissino: los dos pesados. (De Sanctis)