Novela psicológica del escritor irlandés publicada en dos volúmenes en 1895. Hija de una gran ex artista teatral y de un organista de la iglesia católica londinense de San José, Evelyn, dotada de una profunda sensibilidad artística y de una estupenda voz, está destinada a convertirse en una artista famosa.
Sir Owen Asher, gentilhombre cuarentón de noble inteligencia y refinados gustos, se convierte primero en amigo y protector, luego en amante devoto y apasionado de la hermosa muchacha. La arranca del tétrico suburbio londinense de Dulwich y la lleva a París donde la hace entrar en la escuela de madame Savelli, la introduce en el mundo elegante y hace de ella una gran artista. Sin embargo Evelyn, que ha seguido a Owen, aunque prometió a su padre no abandonarle, porque «nuestras acciones obedecen a una ley desconocida, implícita en nosotros, no a la lógica», no es feliz, torturada por la nostalgia religiosa y por confusas aspiraciones a la felicidad. Hasta que, después de siete años pasados en compañía de Owen, encuentra a Ulick, espíritu místico y gran artista, que la ama y logra ser correspondido.
Pero esta nueva culpa y la cadena de mentiras en que se siente presa, despiertan a Evelyn y le inspiran horror de sí misma; reconoce en su aspiración a la pureza un instinto soberano y la presencia de Dios. Y aunque Owen se ofrezca a casarse con ella para «salvarla de perderse en la religión», se separa de él, se separa de Ulick, abandona la escena donde «su arte y su cuerpo permanecerían como incentivo de las pasiones sensuales» y emprende una vida oscura, solitaria, casta, junto a su padre, en el triste barrio de Dulwich. Evelyn sólo sabe que, una vez experimentado el remordimiento y la angustia de la culpa, aunque caiga volverá a levantarse, y la paz que ha encontrado su espíritu en la Iglesia le hace creer que el Reino de Dios durará eternamente. La novela, que será continuada por Sor Teresa, es la afirmación de un superior instinto de salvación por encima de la razón.
Todos los protagonistas tienden a una aclaración de sí mismos, pero sólo Evelyn se atreve a afrontar el camino del regreso confiando ciegamente en su secreto impulso. El autor, que entre los «decadentes» y los seguidores del «arte por el arte» está considerado como el más significativo y moderado, compuso una obra que podría superar las normas preestablecidas si una complacida insistencia en los contrastes entre sensualidad y misticismo no la relacionaran con los movimientos «decadentes».
G. Pioli

