Eróticas de Strozzi, Tito Vespasiano Strozzi

[Eroticon líber]. Recopilación de versos latinos del humanista compuestos hacia 1443 y publicados en 1513 (edición crítica sobre los códices, en 1916).

Se divide en seis libros y, aun estando sustancialmente dedicada a los amores del poeta — en particular a una cierta Anzia —, une la admiración de Leonello d’Este al ansia de la belleza y la sabiduría, surgien­do de ello un retrato de humanista cordial y apasionado que vive señorialmente sus ideales. En elegantes dísticos elegiacos Tito confiesa en el libro I su pasión por la her­mosa Anzia, el estremecimiento que le sor­prende y el sueño de felicidad que le son­ríe entre angustias y suspiros. Es verdade­ramente una criatura hermosa y, en la paz de la campiña, bajo un árbol frondoso, tanto como en su misma vida cotidiana, brilla con una belleza delicada.

La lejanía de la amada entristece al poeta y le incita a hacerse más digno del afecto de tal cria­tura. El tema de la pasión amorosa con­tinúa en el libro II en la invocación a Jú­piter para que le devuelva la paz, y en la del Amor, que le hace suspirar y entre dulces tormentos no le permite entregarse a sus estudios preferidos; luego se atenúa en el libro III, donde hay una vigorosa poesía a la ciudad de Ferrara, con ocasión de su regreso del destierro. En el libro IV las poesías, en las que retorna insistente el fantasma de Anzia, deseada con trémulo co­razón y soñada como mujer escogida por sus perfecciones, se mezclan con una composi­ción en honor de Guarino. Lo mismo que en el libro V las alabanzas de humanista y cristiano al papa Pío II, el insigne Piccolomini, y en el VI la exaltación de Bianca d’Este, denotan las diversas característi­cas de este poeta de Corte, pensativo y sincero aunque esté ligado a las celebra­ciones de las glorias del tiempo y a una refinada exaltación de las bellas formas y los esplendores dignos del Renacimiento.

La figura de Strozzi quedó unida con la de su hijo, misteriosamente muerto en su ju­ventud, y su obra parece compenetrarse con las afirmaciones sencillas y profundas de Ercole, como una edición de Aldo Manuzio (que presentaba juntas las poesías de ambos poetas) intentó unirlos en la ad­miración por los latinistas de la edad de Bembo. Pero es cierto que el carácter abier­to y apasionado de Tito Vespasiano se ma­nifiesta en sus poesías amatorias precisa­mente por un acento genuino que subraya los arrebatos y se viste de sutil melancolía.

C. Cordié