En lo Alto, Berthold Auerbach

[Auf der Hóhe]. Novela del alemán pu­blicada en 1865. El héroe es un Rey que, al principio de la narración, está luchando en el Parlamento por una cuestión no muy clara sobre los conventos, acerca de la cual pugnan liberales y clericales. Intolerante con la oposición, a la que no quiere ceder, el Rey — verdadera «naturaleza heroica» se­gún la moda del tiempo que, a pesar de su alma noble y elevada y de su amor a la libertad, no puede soportar ninguna cor­tapisa en el ejercicio de sus funciones — disuelve la Cámara.

Contrario a la consti­tución, independiente de toda ley moral, ama en el hombre la potencia y en la mu­jer la energía y la pasión; es lógico, por lo tanto, que la Reina, con su ánimo bonda­doso, no corresponda a su ideal. Se acerca a él, en cambio, la condesa Irma, dama de la Reina; los dos espíritus, hechos uno para el otro, se aman. Sin embargo, la opinión pública y el moribundo padre de Irma, acor­des en condenar la culpa, abren los ojos a la mujer, la cual, conforme a la concep­ción de Auerbach de que conocer la culpa significa expiarla, quisiera matarse para purificarse del pecado de haber traicionado, en la Reina, a la mujer y a la amiga.

Pero la muerte no sería una expiación; después de un falso entierro, se retira a la soledad de los montes donde al cabo de unos me­ses muere efectivamente como penitente. Su muerte actúa sobre el alma del Rey, en cuya mente aparece ahora la verdad; no solamen­te la ley de la naturaleza, sino también la moral está profundamente arraigada en el hombre que sólo será libre cuando de buen grado se le someta, y el Rey, despedi­do el Ministerio, se somete al deseo de su pueblo. Junto al argumento principal se desarrolla otro, casi igual, proyectado en otro plano. La nodriza del príncipe real, una mujer del pueblo, y su marido, que tienen que vivir separados durante un año, sufren la tentación, cada uno por su cuen­ta; pero su buen sentido, más limitado y por lo tanto más seguro, no da lugar ni siquie­ra a la vacilación.

El valor de la novela está precisamente en este contraste entre los dos mundos y en la conclusión de que, si con la cultura aumenta progresivamente la libertad de acción y de albedrío, es de­ber de quien la posee someterse voluntaria­mente a la ley. La obra, que seguramente es la mejor de las que Auerbach escribió después de abandonar su género campesino (v. Los cuentos rústicos de la Selva Negra), tuvo importancia política además de lite­raria, ya que fue publicada precisamente en los años en que tan palpitante era el interés por las constituciones y las luchas entre Gobierno y Parlamento, llevando al conflic­to la aportación de una palabra noble y moralmente elevada.

F. Federici