En Blanco y Negro, Claude Debussy

[En blanc et noir]. Tres piezas para dos pianos a cua­tro manos de, compuestas en 1915.

Es una de las obras más importantes y emotivas de Debussy, que ofrece también un gran interés de or­den histórico en cuanto revela la nueva dirección hacia la cual el músico se estaba orientando cuando le sobrevino la muerte. La materia sonora adquiere una consisten­cia y una solidez constructivas como De­bussy no había jamás conseguido hasta aquel momento; es probable que las nue­vas tendencias musicales, personificadas so­bre todo en Ravel y Stravinski, hayan ejercido una no confesada influencia sobre el autor de Pelléas y Mellisande (v.). Se desvanecen las nieblas sonoras, irisadas y fluctuantes, y las formas se delimitan en contornos más netos, adquiriendo una es­pecie de peso físico.

De las tres piezas son, en este sentido, particularmente típicas la primera y la segunda, ambas caracteriza­das por una evidente referencia a la guerra que entonces ocupaba y preocupaba el espí­ritu del compositor. La primera tiene como lema una cuarteta sacada del libreto de Julieta y Romeo (v.) de Gounod («Qui reste á la place / et ne danse pas / de queique disgráce / fait l’aveu tout bas»): ¿es quizás una alusión a aquellos que se habían quedado en casa mientras los hom­bres capaces combatían en el frente? La música termina en un agitado movimiento de vals, lleno de angustiosos coloridos, de melancólicas llamadas que hierven en una atmósfera inquieta y agobiante.

La segunda pieza, algo inferior a las otras dos, tiene por lema el «envío» de la balada de Villon contra los enemigos de Francia (…«car dig­ne n’est de posséder vertu / qui mal vouldroit au royaume de France»), y está de­dicada a un oficial caído en el frente. Reflejando violentos contrastes de esta­dos de ánimo, contiene la cita del coral de Lutero que interviene para simbolizar la quintaesencia del espíritu del pueblo que entonces estaba en lucha con Francia. La tercera pieza, que tiene por lema un verso de Charles de Orléans («Iver vous n’estes qu’un vilain») no se inspira en la guerra y es de una vivaz escritura pianística y de una admirable riqueza de fantasía.

A. Mantelli