Ella y Él, George Sand

[Elle et lui). Novela en la que George Sand (Amandine-Lucie-Aurore Dupin, baronesa Dudevant, 1804-1876) refie­re artísticamente su famosa relación con Alfred de Musset. Fue publicada en 1859, y no tardó en suscitar protestas de parte de los amigos del poeta, ya muerto, y, so­bre todo, de su hermano Paul en la novela Él y ella (v.). Es sabido que, en 1833, la despreocupada escritora se enamoró del poeta y que, alejando a otros amantes, se embriagó con aquel nuevo sentimiento que parecía dar sentido a su vida irregular.

El viaje a Italia (por Génova, Pisa, Liorna, Florencia) marca el apogeo de esta pasión y, al mismo tiempo, su triste declinar. En efecto, en Venecia, Musset, gravemente en­fermo, había sido cuidado por cierto doctor Pagello, que se convirtió en amante de la fantástica escritora; y así, entre dolores mortales y escenas de celos y de locura, el pobre poeta comprendió lo inútil de su pa­sión y rompió con George Sand. Pero ésta, en su novela, explica la situación desde un punto de vista que no tiene nada que ver con la verdad, ya que falsea caracteres y aventuras. Se habla, en esta obra, de una Teresa buena y sensata, y de su amante Lorenzo, colérico, enfermo, y, sobre todo, vulgar y mezquino.

De aquí nacen, a tra­vés de un relato que intenta exponer bajo una pátina de poesía la trama desigual de un amor infeliz, las continuas diatribas con que George Sand acusa a Musset, velada- mente, de locura y de varios vicios, como si hubiese llegado a ella después de una juventud disipada y llena de males, y en­tre nuevas alucinaciones fingiese, a sí mismo y a la mujer suspirada en un momento de calma interior, aquella paz que le era im­posible alcanzar. Así, los «amantes de Vene­cia» debían ir cada uno por su camino, y, después de una incomprensión debida a su vida de arte y pensamiento, hallar para siempre en su aventura juvenil un sig­no doloroso de su pasado. Esto explica el valor ásperamente polémico de esta novela, bajo su apariencia narrativa; en otras obras, asimismo, la escritora se vale de motivos de tan doloroso amor para ficciones de arte y efusiones psicológicas y sentimen­tales.

C. Cordié