El Verdugo, Honoré de Balzac

Título, en español, de un cuento de Honoré de Balzac (1799-1850), publicado en 1830. En España, durante la invasión napoleónica, los franceses ocupan con una guarnición el castillo y el pueblo de Menda, y a la sazón son huéspedes del marqués de Legariés, quien los acoge con una extraña amabilidad, preparando una fiesta en honor de los oficiales invasores.

Pero durante el baile nocturno estalla, en­cabezada por el marqués, la rebelión pre­parada y todos los franceses son muertos, salvo uno de ellos que consigue escapar ayudado por la hija del marqués, a la que cayó súbitamente en gracia. Al poco tiem­po, éste conduce un fuerte pelotón de fran­ceses hacia el castillo; el general francés ordena que sean muertos todos los miem­bros de la familia; ante las protestas de las autoridades del pueblo, concede esta sin­gular y atroz gracia: aquel Legariés que tenga valor para hacer de verdugo de toda su familia, salvará su vida y conser­vará el patrimonio, que de este modo no será confiscado. El hijo mayor del marqués, Juanito, se ve obligado por todos los suyos y por la autoridad de su padre a ofrecerse para el horroroso sacrificio; sin embargo, no conseguiría seguramente ajusticiar también a su anciana madre; ésta se da cuenta de ello y por la salvación de su hijo se mata arrojándose por una atalaya del castillo. «El Verdugo» es el título de nobleza que el rey de España dará más tarde al desgraciado joven.

En su absurda ferocidad, el cuento es un testimonio de ese gusto por lo atroz y lo truculento, propio del primer roman­ticismo francés (v. El teatro de Clara Gazul, de Mérimée) al que también Balzac hizo concesiones en los comienzos de su carrera y que por otro lado debía aparecer nueva­mente informando en cierta medida algu­nas obras de su madurez.

M. Bonfantini

Balzac no componía sus novelas con exac­titud, se perdía en ellas como en una pa­sión, se abandonaba, gozando, a las des­cripciones, a las palabras, como al contacto de suaves telas o florecientes carnes des­nudas. Aferra a sus personajes, los toma en toda clase, familia, provincia de Francia, como Napoleón a sus soldados, los divide por brigadas, uno lo pone en caballería, otro con los cañones, el tercero en los ingenie­ros,- pone pólvora en sus fusiles y los en­trega por fin a su misma fuerza indómita. (S. Zweig)