El Taumaturgo, William Vaughn Moody

[The Fait Healer]. Drama en tres actos del escritor norteame­ricano William Vaughn Moody (1869-1910). El primer esbozo del trabajo corresponde al año 1898; estrenada un decenio más tarde, la obra alcanzó escaso éxito en la escena.

En una granja situada cerca de los suburbios de una pequeña ciudad ame­ricana es acogido, con su criado indio, uno de aquellos extraños personajes, tan fre­cuentes en la vida americana, que se atri­buyen, o a quienes es atribuido, el don de curar milagrosamente las enfermedades ha­ciendo renacer súbitamente la fe en la per­sona enferma; un despertar de la fe y de la esperanza, cuyo mérito se atribuye a Dios, mas para el cual proporciona el tau­maturgo el estímulo directo y la ocasión, con su propia presencia y con sus palabras. En la casa hospitalaria de los Beelers el personaje en cuestión, Michaelis. vive, desde hace pocos días, poco menos que de incóg­nito, habiendo sido conducido allí por su sobrina Rhoda, a la que él se había pre­sentado pidiendo hospitalidad. Mediante un juego bastante delicado de figuras y de situaciones secundarias, todas ellas dotadas también, vagamente, de un sentido indi­recto y simbólico, la línea general del dra­ma es la siguiente: Michaelis es un verdadero inspirado, un asceta y un místico, para el cual la salud física y la moral se hallan estrechamente enlazadas; él cree que, ele­vando a Dios los espíritus, también pueden ser curados los cuerpos.

Pero desde el mo­mento en que se halla en la casa de los Beelers su poder comienza a faltarle, por­que se halla dominado por un afecto, que él juzga terrenal y egoísta, hacia la joven Rhoda. Cuando Michaelis descubre que ésta fue seducida por. otro hombre, el doctor Littlefield. y que ahora le ama a él, aun­que se halla dispuesta a sacrificar también este amor para que él retorne a su misión entre los hombres, él libera a Rhoda de las insistencias de Littlefield y descubre en este amor, a la vez que un motivo de mundana debilidad y pecado, una fuerza nueva que le permite súbitamente recupe­rar su virtud de inspirador y taumaturgo. Moody, puritano por su formación, pero penetrado de cultura humanista y atento a todas las corrientes científicas y filosó­ficas de su tiempo, esboza aquí, como un poco también en toda su obra conocida, un intento de conciliación poética entre el sentimiento religioso heredado de los antepasados y los valores inmanentes de la vida.

En la América de la «Salvation Army», de la «Christian Science» y de los «Revivalists» la figura de su taumaturgo tiene un fondo de realidad moral y popular que puede escapar fácilmente a un lector europeo. Esta obra teatral no alcanza, sin embargo, la eficacia artística y dramática evidente de su drama en prosa La gran barrera (v.).

C. Pellizzi