El Señor Tadeo, Adam Mickiewicz

[Pan Tadeusz). Se­gún Brandes, es la única epopeya de la literatura polaca inspirada por el ambiente lituano de la primera mitad del siglo XIX, y el poema más extenso (cerca de 10.000 versos) de Adam Mickiewicz (1798-1855). Fue publicada en 1834. La compleja trama tiene como fondo la vida de la nobleza ru­ral polaca. El poema se inicia con la na­rración de un pleito judicial entre el conde Horeszko (perteneciente a una noble y po­derosa familia lituana) y el juez Soplica (que pertenece a otra noble familia de la misma tierra) para la asignación de un viejo castillo semiderruido. El pleito va para largo, sin perspectivas de solución.

Cierto día llega el presidente del Tribunal, a quien ambas partes han llamado para decidir la controversia, y el juez Soplica lo invita a su casa, junto con muchos otros huéspedes, entre los cuales se encuentran un monje pedigüeño, que lleva el humilde nombre de Robak (Gusano) y el joven Tadeo Soplica, hijo de un hermano del juez, desaparecido hace años para librarse de las consecuencias de un gran crimen cometido: mató al padre del conde Horeszko porque aquél le negó la mano de su hija Eva. Tadeo, estudiante en la Universidad de Vilna, acaba de llegar para pasar las vacaciones junto con su tío. Después de una cacería, organizada por el juez en honor de sus huéspedes (cacería en la que un oso ata­ca a Tadeo y al conde Horeszko, y el monje los salva), Soplica ofrece un gran banquete a todos los reunidos. Pero en él los dos contendientes, el juez y el conde — así co­mo sus respectivos amigos —, excitados por el vino bebido, en lugar de llegar a un arreglo, se sumen en una tensión tan vio­lenta que en cierto momento Soplica y to­dos los suyos abandonan el castillo. En el colmo del furor, el conde, después de re­unir a sus hombres, se lanza al asalto de la casa de Soplica. Pero un piquete de soldados rusos, llegados inesperadamente al lugar, contiene fácilmente a los asaltan­tes y los hace prisioneros.

Llegan en aquel momento los partidarios del juez, que iban a defender su casa. Al hallarse frente al enemigo común, las dos facciones en con­flicto se reconcilian y, unidas las fuerzas, libertan a los prisioneros y consiguen por un momento dominar a los rusos. Pero éstos reciben muy pronto refuerzos y en­tonces los adversarios, fácilmente domina­dos por el número, no tienen más reme­dio que huir y refugiarse en Polonia en espera de las águilas napoleónicas que pre­cisamente entonces estaban avanzando so­bre Moscú. Entre los fugitivos se encuen­tran también el conde Horeszko y el mon­je. Pero éste, gravemente herido en la lu­cha, no está en situación de moverse y, al sentir próximo su fin, revela su verdadera identidad: es el padre de Tadeo, el asesino del viejo conde Horeszko que, dominado por los remordimientos del crimen cometi­do, se hizo monje para expiar su culpa, llevando una vida humilde de pobreza y de fervorosa agitación patriótica. Tal es, en líneas generales, la complicada trama del poema en el que, por otra parte, se inclu­yen muchos episodios particulares muy vi­vos (el principal y más complejo es el de los amores de Tadeo con la hija de aquella Eva a quien amó su padre). El cuadro de la vida polaca de la ciudad y del campo a principios del siglo XIX, sobre el fondo de tres generaciones, bastaría por sí solo para hacer del poema una obra maestra. Es sobre todo feliz la presentación de las costumbres, mentalidad y usanzas de la «Szlachta» (nobleza) terrateniente de aquella época. Es profunda la caracterización psico­lógica de los diversos personajes, algunos de los cuales existieron realmente, y gran­diosa la pintura de la campiña lituana.

El estilo sencillo y espontáneo de la narración, en la que el tono heroico predominante al­terna dé modo admirable con el acento idí­lico de numerosos episodios, compuesta por el poeta casi sin interrupción (en poco más de un año) contribuyó mucho a su popu­laridad y difusión entre los lectores polacos.

E. Damiani