El Rey Pastor, Metastasio

[Il re pastore). Me­lodrama de Metastasio (Pietro Trapassi, 1689-1782), representado en 1791 y muchas veces musicado desde el siglo XVIII hasta nuestros días.

Alejandro Magno libera al reino de Sidón de su tirano, Estratón, que una vez perdido el trono se suicida. El so­berano macedonio, en lugar de dominar di­rectamente sobre aquella tierra conquistada por su valor, restablece en el reino a su legítimo heredero, que vivía, ignorándose a sí mismo, bajo la humilde indumentaria de pastor. En la obra, la magnánima acción está realizada con una continuada rebusca de efectos patéticos, ya que el pastor, Aminca — cuyo verdadero nombre es Abdolomín, de estirpe real—, vive en el campo con los productos de la naturaleza y siente el contraste entre la sencillez de las costumbres y el estrépito de las armas. Ama tierna­mente a Elisa, ninfa de Fenicia, de la vieja estirpe de Cadmo.

Su amor encuentra su paralelo con el de Tamira, hija de Estratón, y Agenor, noble del reino. Por voluntad de Alejandro, Aminta, descubierto en su ver­dadero ser, debe reinar en la ciudad y casarse con Tamira: de este modo, los des­tinos del antiguo reino y los del nuevo se unirán para bien del pueblo. Agenor, dolo­rido por la pérdida de su amor, sufre al tener que abandonar a la princesa; sin em­bargo, su deber de cortesano le impulsa a glorificar al nuevo rey. Pero Aminta se entristece con el dolor de las dos mujeres (que se creen abandonadas de sus respec­tivos amantes), preocupándole menos los afanes del gobierno que las razones del corazón: no quiere abandonar a Elisa y prefiere continuar siendo pastor, llevando una vida pobre, pero feliz. La solución, sin embargo, la da el mismo Alejandro: Aminta será rey pastor y se unirá en la paz de su reino con su dilecta Elisa, mientras que Tamira y Agenor, unidos indisolublemente en su amor, recibirán una tierra nueva de la gloria del conquistador macedonio.

La obra, rica en motivos sentimentales, pinta un sueño de vida suave e idílica: los dúos amorosos de las dos parejas alcanzan efectos sutilmente melodramáticos y compendian en sí, i unto con las arias, las mejores caracte­rísticas del arte de Metastasio. Particular­mente el paso del amor a la pena, y del dolor a la alegría, está logrado con suave y gentil delicadeza, completamente arcádica y setecentista.

C. Cordié

  • El melodrama de Metastasio fue musicado por Nicoló Jommelli (1714-1774), Stuttgart, 1755; por Christoph Willibald Gluck (1714- 1787), Viena, 1756; por Nicoló Piccinni (1728-1800), Nápoles, 1760; y por Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791), Salzburgo, 1775.