El Rehén, Paul Claudel

[L’ótage]. Drama en tres actos de Paul Claudel (1868-1955), publica­do en 1911, y representado en 1914.

De la antigua familia de los Coûfontaine sólo que­dan dos primos, Sygne y Jorge, cuyos pa­dres han perecido en el patíbulo. Mientras Napoleón está ocupado en la empresa de Rusia, la joven, que después de la tormenta logró trabajosamente recoger los restos de su casa y los guarda cuidadosamente, ve llegar a Jorge, el emigrado, siempre en ar­mas contra la Revolución y el tirano que de ella ha surgido. Jorge intenta dar un atrevidísimo golpe contra el Usurpador: ha raptado al Papa, al que Napoleón había traído prisionero a Francia, y le ha llevado a la desierta abadía en la que Sygne ha re­unido la dispersa fortuna de los Coûfontaine, puesto que el castillo fue destruido por el fuego. Quiere llevarle a Inglaterra, junto al rey de Francia; pero en un elevadísimo diálogo, Pío le dice que sólo puede residir en Roma. Jorge queda turbado ante tan sua­ve firmeza; de todos modos, el preciosísimo rehén le ha sido arrebatado a Napoleón y confiado a Sygne. El peligro se cierne ahora sobre la abadía y la joven.

El prefecto im­perial del Marne, Toussaint Turelure, se presenta ante ella conociendo la personali­dad de quien se halla escondido entre los sagrados muros, y ofrece el horrible res­cate: si Sygne accede a casarse con él, sal­vará al Papa y a su primo, al que poco antes se había unido, más que como esposa como vasallo a su señor. Ella se niega, dura, sarcástica, erguida contra el hijo de su sierva, el plebeyo que incluso quiere el nombre, el amor de los señores muertos durante su revolución. Pero el cura Badilon le recuerda no precisamente el deber del sacrificio, sino el ejemplo del mayor sacrificio. Y, en una sublime elevación, ayudada por el humilde sacerdote, llega a la aceptación voluntaria. Después de esos dos actos imponentes — el segundo de ellos es una de las cimas de la tragedia, de la poesía cristiana en Francia —, el tercero nos hace ver que es casi imposible mantenerse a tal altura.

Turelure — una figura ruda, varonil, esbozada con simpatía o al menos con imparcialidad de artista —, que ahora es prefecto del Sena y jefe de la defensa de París, se prepara a ceder ante los aliados, y a acoger al rey Luis; el en­viado de este último es Jorge, y por vo­luntad de su marido, Sygne le hará firmar el pacto en virtud del cual el rey, que re­gresa, acepta la Constitución. Y Jorge se doblega, ya que su mundo, el del antiguo derecho y del orden, ha acabado. Todo se derrumba; pero queda a salvo el Padre de los fieles, por el que Sygne pareció ser in­fiel a su primo. Llega el marido, al que Jorge trata de dar muerte; la mujer se arro­ja entre ambos, y es herida, mientras Ture­lure hiere a su adversario. Ella muere, sa­biendo que su primo muere, y el cura Badilon la acompaña en su muerte, exhausta, tras haber vaciado el cáliz, y pese a todo dispuesta como soldado de Dios. El rey pre­miará a Turelure concediendo al hijito na­cido de Sygne todos los derechos de los Coûfontaine. En este punto, el drama se hace monótono y pesado; las almas se atiesan, las almas que habían sido vivísi­mas en su derechura.

Esto apenas si embota la grandeza de la obra, en la que los idea­les del poeta católico se encarnan en perso­nas de una humanidad superior y, además, patética: la virgen fuerte y devota, el primo que cree más en su rey que en Dios, y los demás. El relato, en unas cuantas es­cenas cortadas robustamente, crece al emer­ger del fondo épico: la gran sombra de la Revolución, la Europa como inclinada a se­guir el destino del Conquistador. Entre las pocas obras del autor que han llegado a la escena, se considera como la que mejor ha resistido la prueba. Ante ella se inclinan, admirados, incluso muchos que dudan o son adversarios de las luces, de las llamas, de la vaporosidad de la poesía de Claudel.

V. Lugli

Por vez primera después del siglo del Clasicismo ha vuelto a elevarse la pen­diente jansenista… y un poeta cristiano se aparta violentamente de esa tradición pe­simista que se había formado en el siglo XVII como opuesta al Humanismo y al Re­nacimiento. (A. Béguin).

*   Posteriormente, el autor se valió de su personaje Turelure en su drama El pan duro [Le pain dur], publicada en 1917. En esta obra el ex servidor de los Coûfontaine, primer ministro de Luis Felipe, en su vejez sigue deseando conseguir dominio y lucro, enredado en el amor de una equívoca judía, Sichel. El hijo que había tenido de Sygne, Louis, paree elevarse por el amor que ha inspirado a una heroica joven polaca, Lumir. En una urgente necesidad, ésta le ha prestado un dinero que estaba consagrado a la causa polaca; para devolverlo, Louis se lo pide a su padre. Y al negarse éste tenazmente, el hijo alza su mano armada y el viejo muere de terror. Luego cesa la exaltación de Louis, que deja partir a la mujer y se queda para seguir las huellas de su padre: se casará con Sichel, ya bautizada, y se entregará a la triste transacción. En la abadía de Coûfontaine, entre los nuevos señores, se desarrolla la acción que — dejando de lado la llameante pasión de Lumir — es la ciega tragedia de los hombres esclavos en un mundo sin Dios.

Llamas de amor, anhelos de sacrificio, de redención, avivan el tercer drama de la trilogía, El padre humillado [Le pére humilié], publicado en 1919, cuya acción tiene lugar en Roma entre 1869 y 1870, siendo la figura central el papa y la trágica crisis del pontificado. Louis, siempre equívoco y pérfido, es embajador en Roma; pero la hija que tuvo de Sichel, la purísi­ma Pensée, ciega de nacimiento, parece he­cha para rescatar las culpas de los suyos. Ama a un joven, ardiente defensor de la fe y del papado, el cual, a pesar de amarla, quiere dejarla a su hermano, que también está enamorado de ella, para entregarse por completo a su misión. Pero al fin, la pasión suprema les unirá, y luego el hombre irá a morir en el campo de batalla. Las dos obras, con atisbos de elevada belleza, son precio­sas para iluminar mejor el pensamiento ca­tólico del autor, que en El rehén había adoptado una expresión soberbia, compacta y ardiente.

V. Lugli