El Príncipe Zerbino o El Viaje Hacia el Buen Gusto, Ludwig Tieck

[Prinz Zerbino oder die Reise nach dem guten Geschmack]. Drama satírico en seis actos del escritor alemán Ludwig Tieck (1773-1853), publicado en 1799, con el subtítulo: «En cierto modo, una continuación del Gato con botas». Por otro lado tal afinidad con el Gato con botas (v.) del mismo autor se limita al tono mordaz de la sátira, que aquí se dirige contra el arte mediocre y burgués de aquellas co­rrientes literarias de tardía derivación «ilus­trada» introducidas en Alemania por Iffland, Kotzebue y especialmente por Nicolai, en cuyas gacetas también Tieck se vio obligado, por necesidades’ prácticas, a pu­blicar sus primeros trabajos.

Los primeros actos del drama se dedican a la represen­tación satírica de una pequeña corte ale­mana, donde el suegro del soberano es un maniático, el príncipe y la princesa poco más que comparsas, y los cortesanos unos presumidos dignatarios y académicos. La enfermedad mental del heredero del trono, el príncipe Zerbino, que aflige a toda la corte, la cura Policomio, una especie de brujo de orejas de burro que vive en el bosque; éste declara que la curación no será perfecta hasta que Zerbino encuentre al Buen Gusto. Así el príncipe parte acom­pañado por el sabio Néstor, que representa la mediocridad académica. Esta parte, que es la sustancial del trabajo, está llena de episodios, como el idilio del bosque entre Elibano y Cleora, la historia del ermitaño, y las hazañas de Jeremías, criado de Poli­comio, que están más o menos relacionadas con el argumento central.

En esta parte que llamamos central, se hallan las mejores escenas del drama, las que inducen a un crítico alemán a comparar a Tieck con Aristófanes. Néstor llega al jardín de la Poesía, donde escucha indignado el canto de las flores, protestando contra la suges­tión de lo maravilloso, y celebra una entre­vista con Dante, Shakespeare y Cervantes, que le dicen que están esperando a su gran compañero, todavía vivo: Goethe; ve a otros grandes espíritus, entre los que está Sófo­cles; a éste quiere obsequiarle, ,ya que se trata de un griego, pero es rechazado dura­mente. Esta escena contrasta con otra que ataca la poesía utilitaria: algunos genios conducen a Néstor a un comedor donde to­dos los objetos y hasta el guisado deploran el tiempo en que eran cosas vivas de la naturaleza y se declaran satisfechos de ser útiles al hombre.

Cuando Zerbino y Néstor se deciden a regresar a su corte son aco­gidos con alegría, pero su lenguaje, con la huella de la despreocupación adquirida en las múltiples experiencias y especialmente en el jardín de la Poesía, escandaliza a la corte, que los apresa. Pronto Néstor y Zer­bino, aburriéndose en su cautiverio, se de­claran dispuestos a vitorear el credo humanitarioutilitario del ilustracionismo burgués; por esto se le reconoce a Zerbino la capa­cidad para subir al trono. Menos feliz en conjunto que el Gato con botas, el Príncipe Zerbino carece, en la abundancia de sus episodios, de aquella armonía en la varie­dad que es condición de la belleza. Sin em­bargo la obra, además de su interés como documento en la polémica antiilustracionista del romanticismo, tiene escenas poé­ticamente inspiradas, geniales en su fan­tasía cómica.

E. Cione