El Príncipe Predestinado, Anónimo

Título con que es conocido por los paleógrafos un texto egipcio de asunto narrativo para el cual el egiptólogo Ebers propuso el de Príncipe maldito; pero erróneamente, por­que en el texto egipcio no se habla en abso­luto de maldición. El texto es legible en el reverso del papiro Harris n.° 500; debe atri­buirse a los comienzos de la dinastía XIX (segunda mitad del siglo XIV a. de C.) y se conserva actualmente en el British Mu- seum.

He aquí su contenido: después de reiteradas plegarias a los dioses, un faraón dé Egipto es favorecido con el nacimiento de un hijo. Acuden las siete diosas Hathôr para profetizar su destino al recién nacido, y predicen que morirá por causa de un cocodrilo, de una serpiente -o de un perro. El faraón, asustado por esta predicción, manda edificar una morada en lugar de­sierto, y tiene allí encerrado a su hijo es­perando así sustraerlo, a ser posible, a la muerte augurada. Un día el príncipe, ya mayorcito, ve un perro; y su atención que­da tan vivamente cautivada que su padre se ve obligado, aunque a su pesar, a rega­larle uno como compañero de su soledad. Entonces el joven, que ya está enterado de su destino, ruega a su padre que lo deje andar por el mundo, suceda lo que suceda. De este modo el joven se dirige con el perro hacia el Asia, y llega a la región llamada entonces Naharin, que correspondía poco más o menos a la Mesopotamia de los escri­tores griegos.

Allí reina un príncipe, que ha prometido por esposa a su bellísima hija única al que consiga subir sin ayuda de escala a la alta ventana de la casa en que vive la muchacha. El joven supera la prue­ba y el príncipe del Naharin ha de con­sentir en la boda de su hija con el ven­cedor. A partir de este momento el papiro tiene lagunas y no es posible formarse una idea clara de los acontecimientos. Se con­sigue en parte saber que la pareja va a Egipto y que la esposa, una noche, salva a su marido del ataque repentino de una serpiente. En otras líneas del papiro se habla del cocodrilo, el cual asegura al príncipe que lo dejará vivir. Ignoramos, si, a pesar de todo, conseguirá escapar a su tercer des­tino : el de morir por obra del perro. Es característico por su gracia y sencillez el asunto de este antiguo texto egipcio, con la simpática figura del protagonista que, anda errante y solitario, de país en país, bajo el peso de un destino de muerte, y que con­quista a una princesa: primitiva encarna­ción poética de uno de los temas más uni­versales y antiguos de la literatura.

E. Scamuzzi