El Placer Terreno en Dios, Barthold Heinrich Brockes

[Irdisches Vergnügen in Gott]. A esta obra debe su fama el poeta hamburgués Barthold Heinrich Brockes (1680-1747). Es una extensa colección de poesías, en nueve volúmenes, con un conjunto de 7.000 páginas y 140.000 versos, publicada entre 1721 y 1748.

En ella Brockes, inspirándose en los poetas ingle­ses, Pope, Shaftesbury, Young y, a partir del tercer volumen, sobre todo en Thomp­son, canta las estaciones (vols. VII y VIII), los fenómenos atmosféricos («La lluvia» [«Der Regen»], «La calma tras la tempes­tad» [«Die auf ein starkes Ungewitter erfolgte Stille»], etc.) y todas las criaturas de la naturaleza, hasta las más pequeñas («La rana» [«Der Frosch»], «Las florecillas» [«Das Blümchen»], «La hormiga» [«Die Ameise»], etc.). Son a menudo cuadritos que nos recuerdan las pinturas holandesas y denotan un finísimo espíritu de observa­ción, siempre impregnado de sentimiento religioso. La obra está inspirada, en una profunda admiración por la naturaleza, considerada no como fin en sí misma, sino como medio para llegar al Creador; cada cosa tiene, pues, un sentido, a veces subli­me, porque refleja una intención divina que sólo a los sabios es dado conocer.

En el fondo de esta extensa obra reside un op­timismo, indicado ya en el título: la natura­leza es la guía que nos lleva a la verdad. En la contemplación de la naturaleza hay la embriaguez mística del que sabe elevarse a las alturas divinas. Tal es el tema de esta poesía, en la que pintura y predica­ción moral se mezclan de continuo. Desde el punto de vista lingüístico, Brockes revela perfecta habilidad técnica en el uso del verso, de la aliteración, de los elementos onomatopéyicos (así, por ejemplo, en la poesía «Canto de la alondra» [«Lerchenarie»], en cada uno de cuyos versos se repite la vocal «i», imitando el canto del pájaro.

No faltan en una obra tan extensa proliji­dades y repeticiones que la hacen pesada; los mejores, por su frescura, son los prime­ros libros, pues en los últimos su vena aparece con frecuencia turbia y cansada. Brockes fue uno de los primeros poetas que supieron librar la lírica alemana de las am­pulosidades hinchadas y extravagantes del barroco tardío, sustituyendo la artificiosidad de las imágenes por la fresca sencillez de la observación de la naturaleza, que enseña a adorar a Dios en sus más pequeñas cria­turas.

M. A. Zaghetti