El Perfume de las Islas Borromeas, René Boylesve

[Le parfum des Illes Borromées]. No­vela del francés René Boylesve (René Tardiveau, 1867-1926), publicada en 1899. Llegan a Stresa dos extranjeros, el poeta inglés Dante Leonardo Guillermo Lee, escépti­co y visionario, y el francés Gabriel Dompierre, especialista en estadística, pero refinado y culto. Pronto son presa del he­chizo del Lago Mayor, en lo que colaboran tanto la magnificencia del paisaje como el encuentro con unas bellas mujeres.

Dos aventuras amorosas se desarrollan durante su estancia: la del inglés con una florista joven y agradable, Carlota, y la del fran­cés, más íntima y dolorosa, con Luisa, que pasa también una temporada en Stresa. El inglés es un excéntrico, hasta el punto de que un sacerdote del pueblo lo cree un hombre puro y proclama su virtud en un sermón, mientras se dedica a galantear a la florista. La pasión de Gabriel y de Luisa es más sutil, porque está complicada por un abandono que ella, que cree haber ama­do siempre a su marido, sólo puede justifi­car por el hechizo que la alegre vida del Lago ha introducido en su sangre.

El per­fume de las islas Borromeas actúa lo mis­mo sobre Carlota, que todas las tardes va a la Isla Bella a recoger sus flores cantan­do sola en la barca, que para los temerosos amantes que sufren la influencia de la be­lleza misteriosa del lugar. Y entre grutas, jardines, pórticos y estancias secretas, pa­san para los forasteros las semanas, con una dulzura que el corazón no ha probado jamás, hasta que cada aventura encuentra su epílogo, y Carlota es muerta por Pablo, su celosísimo novio, y Luisa, a la llegada de su marido, parte para Florencia. Con la partida de todos termina la paz deliciosa que habían disfrutado ambos amigos; el poeta y el científico, con el dolor de una muerte y un abandono inevitable, se alejan también de Stresa en una jornada lluviosa impregnada de melancolía otoñal.

La nove­la, en la pintura del lugar y en la viva des­cripción de los diversos tipos de forasteros, entre galanterías, bromas y murmuraciones, representa en el arte de Boylesve una va­riante feliz, pues el escritor sustituye sus análisis sentimentales por una construcción variadísima y centelleante; de página en página, o para describir una terrible tem­pestad en el lago o un jardín en el silen­cio de la noche. El perfume de las islas Borrorneas es un homenaje cordial, aun­que un tanto amanerado, a Italia y a sus bellezas.

C. Cordié