El Pequeño Señor Friedemann, Thomas Mann

[Der Kleine Herr Friedemann]. Es una de las primeras novelas de Thomas Mann (1875- 1955), publicada en 1897. Es importante, a pesar de su brevedad, para la historia del desarrollo de la novela alemana moderna y porque contiene ya en germen lo que des­pués será Los Buddenbrook (v.), o sea la concepción de la vida y de la técnica que es propia de este artista; y es curioso que lo que al principio suscitó indignación y aversión se convirtió más tarde en objeto de admiración y respeto.

El pequeño señor Friedemann, vástago de una antigua familia de patricios comerciantes, jorobado y de­forme por culpa de una nodriza que le dejó caer cuando era pequeño, se ha adaptado a su suerte con admirable equilibrio espiri­tual, llevando una vida tranquila de bur­gués en su decorosa mediocridad, mimado por sus tres hermanas mayores, que han per­manecido solteras; Friedemann sólo se con­siente a sí mismo, como si fuera un lujo, tocar un poco el violín e ir a menudo al teatro; evita todas las situaciones que po­drían ser fatales para un jorobado, especial­mente las relaciones amorosas.

Vive así has­ta los treinta años, satisfecho de la vida y sin temor al futuro. Pero la llegada a la pequeña ciudad de un nuevo comandante con una esposa joven, hermosa, libre y algo deportiva, el tipo de mujer incomprendida y fatal, sádicamente cruel e indiferente, hace súbitamente tambalear todo el edificio de la vida del señor Friedemann, que con paciente prudencia él mismo se había cons­truido y le hace sentir inexorablemente su miseria, de la que intenta huir en vano. La hermosa mujer, que posee ya algunos rasgos de Gerda Buddenbrook (v.), pero sin su nobleza, lleva al desgraciado a declararle su amor, gozando pérfidamente en su debili­dad y en su humillación, y durante una fiesta en el jardín, teniéndolo arrodillado ante ella, le hace caer al suelo, entre risas y burlas, y le abandona. El infeliz, herido en el alma, se arroja de cabeza al pequeño lago.

Quizá por primera vez se presenta aquí el conflicto, típico de la obra de Thomas Mann (v. Tristán, Los Buddenbrook, La montaña mágica) entre los cuerpos sanos y los cuer­pos enfermos; el esfuerzo de un individuo enfermo para llevar una normal vida bur­guesa, se quebranta en esta obra ante el choque con la fuerza bruta y cruel del in­dividuo sano. El conflicto’, resuelto de dis­tintas formas en otras obras, constituye uno de los problemas más torturantes y morbo­sos de este escritor. La técnica narrativa con el característico «leit motiv» (v. Tris­tán), dentro de una forma ceñida, con la precisión característica de los diálogos y el agudo análisis psicológico de los tipos humanos, la encontramos ya en esta novela juvenil.

E. Rosenfeld