Publicados por Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817- 1891) de 1872 a 1874, sólo pueden comprenderse si se tiene en cuenta la definición del autor. Campoamor expone así los conceptos fundamentales de la clase de composiciones que cultivó con preferencia:
«¿Qué es humorada? Un rasgo intencionado. ¿Y dolora? Una humorada convertida en drama. ¿Y pequeño poema? Una dolora amplificada».
En los Pequeños poemas el autor expone con tanta agudeza como malicia los anhelos, misterios, sutilezas y aparentes contradicciones del corazón de la mujer, que pasa con facilidad del placer al dolor, de la risa al llanto; abundan las notas de intencionado humorismo con que el autor se burla de las debilidades humanas; en ocasiones parece que, por un lado, prodiga las ironías algo tristes y que, por otro, piadosamente disculpa faltas y consuela en el dolor. Buena parte de ellos salieron a luz de 1872 a 1874; siguieron otros, y el último, «El confesor confesado», se publicó en 1894.
Son 31 en total, y entre los más famosos se cuentan «El tren expreso», «Los grandes problemas», «La historia de muchas cartas», «Las tres rosas», «La gloria de los Austrias», «Por donde viene la muerte», «Los buenos y los sabios», «Cómo rezan las solteras», etc. Sin duda, de todos ellos, «El tren expreso» es el más celebrado y archiconocido. El poeta, desengañado de una pasión, volvía de París en el tren expreso; sube al mismo coche una joven rubia, hermosa, «digna de ser morena y sevillana», y ambos lamentan sus desencantos amorosos; el poeta abriga a la viajera, que se queja de frío, con su manta, y enamorado de la dama y dolido de su desilusión, se declara apasionadamente a ella; la joven contesta que necesita algún tiempo de reposo, y aplaza hasta dentro de un año la contestación definitiva, citándole en la estación a que llegaban entonces, o bien ofrece esperarle en el cielo, si moría ella antes que él, pues estaba enferma; al año justo acude el poeta a la cita.
Al llegar a la estación de despedida, una vieja le echa un papel con la famosa carta, que comienza: «Mi carta, que es feliz, pues va a buscaros…». El poeta, leído el papel, busca en vano a la anciana, que ha desaparecido; el autor, desencantado una vez más, confiesa que al año «sin alma y como inútil mercancía, / me volvió hasta París el tren expreso». En «El licenciado Torralba» recoge el poeta las tradiciones de los procesos inquisitoriales de Cuenca, relativos a este personaje luterano. Se trata de un poema en que se combinan elementos filosoficosimbólicos y legendarios.
C. Conde

