El Pecado del Viejo, Alejo Pisemski

[Starčeskij grech] Novela del ruso Alejo Pisemski (Aleksej Feofilaktovič Pisemskij), 1820-1881) publicada en Petersburgo en 1860. Alejo Pisemski corresponde a la gran corriente naturalista rusa y la narración es una de las más fuertes y completas creaciones lite­rarias, que inmediatamente precedieron a liberación de los campesinos de la servi­dumbre de la gleba y a otras importantes reformas sociales.

Un contable, pequeño empleado estatal, Iosaf Ferapontov, después de una adolescencia llena de humillacio­nes, dada su baja condición social, logra con su estudio y diligencia colocarse bas­tante bien. La juventud de Iosaf siente tal sacudida con la muerte del gran poeta ruso Pushkin que comienza a leer todos los ver­sos que logra encontrar. Gracias a estas lecturas y a una pequeña revuelta univer­sitaria en la que toma parte, se le revelan la injusticia y el desorden social en que se ve obligado a vivir. Pero el hambre acucia, y continúa con su monótona vida de em­pleado. A los treinta años, Iosaf es todavía virgen de alma y de cuerpo; sólo en las lecturas se conmueve ante los grandes amo­res.

Pero he aquí que encuentra a la heroí­na de sus sueños: una viudita se le dirige para que le ayude a solventar ciertas difi­cultades que se le presentan con ocasión de una herencia recibida. Por amor, casi sin darse cuenta, Iosaf termina por apro­piarse del dinero ajeno que tenía en depó­sito, convencido de que pronto le será de­vuelto. Pero la mujer es una aventurera, y, arreglados con ayuda del ingenuo emplea­do sus propios asuntos, ahora trata de plan­tarlo y sólo por casualidad es capturada y aprisionada como cómplice de Iosaf. Éste conoce así el turbio pasado de la mujer amada y, mortalmente desilusionado, se ahorca en la celda en que está preso.

La novela es una violenta crítica de la socie­dad rusa, de la burocracia imperante, de los politicastros inhumanos, de los aven­tureros sin escrúpulos y del pequeño comer­ciante bebedor y cruel. Pisemski presenta su cuadro con una minuciosidad de deta­lles que recuerda el naturalismo occidental, logrando una límpida representación de si­tuaciones y tipos, aunque carente dé íntima poesía.

G. Kraisky