[Mercadet ou le Faiseur]. Comedia de Honoré de Balzac (1799-1850), estrenada en 1840. Auguste Mercadet (v.) es, dentro de la clase de los modernos hombres de negocios, un ejemplar de los más simpáticos aunque juega a la bolsa desenfrenadamente y no le preocupan los medios con que conseguir el éxito. Tiene, por otra parte, la excusa de la traición de Godeau, un socio suyo que muchos años antes había huido a América llevándose la caja, y le obligó de esta manera, para mantener su decoro, a iniciar la serie de sus acrobacias financieras. Pero sus últimas especulaciones han ido mal, porque aquel hombre de negocios, habilísimo en engañar y en la extorsión de grandes sumas de dinero a los más impensados comanditarios, es, sin embargo, también un bobo crédulo y confiado, y demasiado fácil de convencerse de que ha encontrado cada vez el expediente infalible y el hombre de toda confianza; los acreedores no quieren escuchar más explicaciones y le asedian, y el dueño de la casa lo amenaza con embargarle los muebles.
Mercadet se defiende con los recursos de su prestigiosa elocuencia, e intenta ganar tiempo, porque espera haber combinado un rico matrimonio para su hija Julia, que le sacará de apuros. Buen padre de familia, ama tiernamente a su hija, pero se empeña de tal modo en su propio juego que no vacila en sacrificarla, convencido de que obra para su bien, y en inducirla a romper con su enamorado, el honrado Minard, empleado bueno y sencillo. Pero el futuro esposo, De La Brive, en realidad más arruinado que nuestro hombre de negocios, ha venido sólo esperando poder salir a flote con la dote de Julia, y es perseguido por los usureros por su verdadero nombre de Michonnin. Mercadet vacila al recibir aquel golpe. El enamorado Minard, conocida la verdadera situación, se niega a renunciar a Julia y viene a ofrecerle sus ahorros.
El negociante, en un arrebato de honradez, los rechaza, pero pronto se arrepiente de ello. Se recobra, pero urde el engaño más arriesgado de su carrera; ya otras veces ha conseguido hacer callar a sus acreedores dejando entrever la posibilidad del regreso de su antiguo socio Godeau (el cual, verdaderamente, al huir le había dejado escrito que confiase en él, que volvería rico de América y que le haría partícipe de su fortuna); ahora imagina hacer disfrazar a Michonnin de Godeau, y presentarlo a los acreedores, y así poder ganar los pocos días necesarios para el éxito de un truco suyo de bolsa que había de sacarlo a flote. Así, cuando, durante una tumultuosa reunión en su casa con los furibundos acreedores, su mujer se precipita para anunciarle el regreso de Godeau, se asombra al ver que también ella se preste al engaño, aunque aprovecha pronta-. mente la contingencia, si bien luego tiembla al oír que el único acreedor que conocía personalmente a Godeau quiere también ir a verle. Pero su asombro llega al colmo cuando se entera de que Godeau se dispone a pagar a todos en dinero contante. En realidad, el Godeau que ha llegado a su casa es el verdadero, rico y dispuesto a lograr que su antiguo socio le perdone.
Y así termina placenteramente la angustiosa jornada de Mercadet, y la complicada comedia, la cual, construida con innegable habilidad, abunda en escenas pintorescas e ingeniosas y conserva aún hoy toda su frescura. A pesar de que el nombre de Balzac y la habilidad de sus invenciones hayan procurado a esta obra vastísima fama, su valor intrínseco no es extraordinario; al pasar de la novela a la comedia, el gran narrador parece haber perdido las cualidades de minuciosa finura y vigorosa profundidad propias de su genio; el estilo es aquí brillante pero seco, la psicología ingeniosa pero simplista; y el adjetivo «molieresco» tributado a la obra por muchos admiradores parece más justificado en cuanto a algunos sabrosos detalles que en cuanto a su íntima estructura.
M. Bonfantini

