El Legado de 30.000 Dólares, Samuel Langhorne Clemens

[The $ 30.000 Bequets]. Narración del novelista norteamericano Samuel Langhorne Clemens (1835-1910) más conocido por el pseudóni­mo de Mark Twain, publicado en Nueva York en 1906 junto con otras narraciones.

Se le podría considerar como el revés de la medalla de la narración tan conocida El billete de banco de 1.000.000 de dólares, y en cuanto, a diferencia de éste, el autor, como en El hombre que corrompió a Mad- leyburg [The Man who corrupted Madleyburg] se propuso ilustrar el efecto deleté­reo en el carácter humano de una riqueza no ganada. En el Far West, en Lakeside, vive la modesta familia del tenedor de li­bros Saladin Forster, llamado con el dimi­nutivo femenino de Sally, compuesta por él, su mujer Electra, llamada con el diminu­tivo masculino de Aleck — y éste es precisa­mente uno de los elementos humorísticos de la narración — y de dos hijitas, Clytemnestra y Gwendolen. La vida de ellos transcurre tranquila y modesta, sin acci­dentes ni ambiciones, hasta el día en que reciben de un pariente del marido, Tilbury Forster, una extraña carta escrita en el lecho de muerte, la cual contiene la promesa de un legado de 30.000 dólares con la con­dición de no interesarse por él ni asistir a su entierro.

La esperanza de la riqueza inmi­nente turba a los dos cónyuges, los cuales se suscriben en seguida al diario de la ciu­dad en que vivía el pariente del cual debía venirles el legado, y se entregan a construir castillos en el aire. Sally piensa en la ma­nera de gastar los dólares futuros, pero su mujer Aleck estudia la manera de emplear­los, y en breve se vuelve tan entendida en especulaciones de bolsa que en la ima­ginación de ambos el legado no cobrado todavía se dobla, se triplica, se decuplica. Locos de alegría, seguros de que el sueño se tornará muy pronto realidad deciden celebrar el acontecimiento, pero sin revelar el secreto a nadie. A falta de un cumpleaños aprovechan el del descubrimiento de Amé­rica. En tanto, en su imaginación los capita­les continúan creciendo vertiginosamente y cada noche, cuando Aleck y Sally vuelven a casa, de su modesto trabajo en una tien­da, se abandonan a la exaltación de una segunda vida, de ensueño, en medio de sus ilimitadas riquezas. Fundan universidades, hospitales, iglesias y obras pías, su humilde casa se transforma en un palacio real, es más, se traslada de una localidad a otra según los momentos. Así van pasando años, hasta que un día, el director propietario del periódico del cual se han olvidado de pagar la suscripción, pasa por Lakeside, va a visitarlos y por él se enteran de que el pariente de quién esperaban la reali­zación de sus ensueños había muerto años antes en completa miseria hasta el punto de haber sido enterrado de limosna. Aquel golpe es demasiado fuerte: Sally y Aleck se mueren de pena.

Con arte sugestivo el autor describe su vida de ensueño y nos hace tomar parte en sus ansiedades por las vicisitudes de los valores que imaginan poseer, en sus alegrías por cada victoria soñada, por cada aumento de sus imagina­rios capitales, teniendo cuidado de recor­darnos de cuando en cuando, que toda su riqueza no es más que un sueño.

B. Cellini