El Gallo de Sócrates, Clarín

Colección de cuentos de Clarín (Leopoldo Alas, 1852- 1901), publicada el mismo año de su muer­te. La obra comprende quince títulos, en la mayoría de los cuales sigue su técnica peculiar de presentar un personaje para enfrentarlo después a una anécdota, siendo por lo general muy superiores los persona­jes a las anécdotas. Algunas de estas narra­ciones están más cerca del artículo de cos­tumbres que del cuento. Se ha señalado en el pensamiento de Clarín una evolución des­de el positivismo atenuado al espiritualismo; reflejo de esta última posición sería el cuento «El sombrero del señor cura», don­de se pone de relieve la existencia en la moda del pensar de una corriente espiri­tualista, pero al mismo tiempo afirma, cla­ramente, que él siempre ha seguido esa corriente; por lo demás, los cuentos no se­ñalan ningún cambio de estilo o contenido respecto a colecciones anteriores, siendo su conjunto inferior al de Pipó o El Señor y lo demás son cuentos.

Destacan: «El gallo de Sócrates», donde ataca, en la persona de Critón, a las religiones que traicionan a su fundador: «hacéis del muerto una momia para tener un ídolo»; «El rey Baltasar», en el cual nos presenta el mundo triste y mez­quino de un honrado empleado de una ofi­cina pública, al que un momento de poesía le cuesta la pérdida del «pan y la honra»; «El Cristo de la Vega… de Ribadeo», acertado ataque a los ultramontanos por su exa­gerada retórica antiliberal, en el cual se presenta a Facundo Cocañín, personaje ri­dículo, periodista polémico, catedrático, hijo de un fabricante gallego de manteca, pro­veedor de todos los frailes, cabildos, obis­pos, monjas y familias creyentes de su tie­rra, que dedica su vida entera a la lucha contra todo sospechoso de relajamiento en materia de fe, empleando siempre como amenaza la condena eterna, pero al llegar la hora del Juicio Final su sorpresa es grande, pues ingresa en el infierno «que no existía antes, pero que se inventó para Facundo, que tanto lo había deseado… para los demás»; «El pecado original», cuento fu­turista, donde entre otras notas cómicas coloca a la humanidad ante un gran dilema: un solo hombre puede ser convertido en in­mortal, ¿a quién escoger? La envidia impide hallar la solución, «porque el pecado ori­ginal, el que priva al hombre de vivir sin morir, es el egoísmo, el desamor, la envi­dia. Y no el comer fruta verde»; «El entie­rro de la sardina», que destaca por la pin­tura de un ambiente de pequeña ciudad, un pueblo levítico, que al igual que sus habitantes sólo se abre a la luz y a la alegría en los días de Carnaval, y en un último estertor en la noche del Miércoles de Ceniza en que tiene lugar el entierro de la sardina. Los restantes cuentos reco­gidos son: «Tirso de Molina», «Un voto», «La médica», «Dos sabios», «En la drogue­ría», «Aprensiones», «En el tren», «La fan­tasía de un Delegado de Hacienda» y «Re­flejo»; en este último aparece una amarga queja, típica del noventa y ocho: «Yo tam­poco hago libros. Son inútiles. No los leen. No los saben leer».

S. Beser