El Errante

[The Wanderer], Elegía anglosajona de 115 versos, en la que se lamenta la pérdida de una amistad.

Un jo­ven, a causa de la muerte de su señor, viaja por mar, solo y sin amigos, y busca un lugar donde pueda encontrar protección. Sus sueños son felices porque le recuer­dan la antigua felicidad perdida; pero al despertarse, el mar está gris y cae la nie­ve. El joven llora mientras compara los hermosos sueños en los que su señor esta­ba aún vivo y él lo abrazaba. Pero refle­xiona sobre el mudar de las cosas y sobre las humanas vicisitudes, y se convence que su dolor no es más que una ínfima parte del dolor del universo.

Ve a su alrededor los castillos en ruinas, lo que le sirve para soportar su mal, seguro de que los casti­llos han tenido un triste fin. Se dice que el tiempo de la felicidad es breve y que le debe seguir el de la tristeza y del sufri­miento; y que la felicidad huye sin dejar huella, a no ser en el corazón que la la­menta. El poemita es interesante porque nos ilustra sobre las relaciones que en aquel tiempo existían entre amo y criado.

Atribuido a Cynewulf (fines del siglo VIII), en la actualidad se considera anónimo, quizás porque el elemento cristiano no tiene en él un relieve decidido y puede haber sido añadido con posterioridad. Hay en El Errante una melancolía habitual en estas elegías anglosajonas y es rica de hu­mana verdad en sus consideraciones, en la lamentación, en el sentido humano del do­lor y del sufrimiento.

A. Camerino