El Emperador Octaviano, Ludwig Tieck

[Kaiser Octavian]. Poema dramático en diez actos y un prólogo publicado en 1804 y reformado en 1828; es una refundición del antiguo libro popular titulado La bella y divertida historia del Emperador Oetaviano, de su mujer y de sus dos hijos; cómo fueron desterrados y de nuevo se encontraron milagrosamente en Francia junto al piadoso rey Dagoberto, la cual se prestaba admirablemente por la va­riedad de paisajes y personajes al juego de la fantasía del poeta.

La trama es sólo apoyo y pretexto: Felicidad, mujer de Octaviano, injustamente acusada de adulterio por su suegra, es condenada con dos hijitos a la hoguera; salvada milagrosamente, huye a un bosque, donde una mona y una leona le arrebatan a sus hijos. Parte en su busca: uno de ellos, vendido como esclavito al mercader Clemente, es por éste devuelto a París. Allí se encuentra con su padre y se descubre entonces la inocencia de Felici­dad, mientras la vieja emperatriz, llena de remordimientos, se suicida. Oetaviano, desesperado. manda buscar a su esposa. Ésta a su vez ha recuperado a su otro hijo en Jerusalén, le ha bautizado y vuelve con él a Francia, siguiendo a un grupo de pere­grinos.

Toda la familia se encuentra en la corte del piadoso rey Dagoberto. Tal es, en breve, el argumento, pero la intención de Tieck es muy diferente pues, se propone ofrecer con esta comedia la obra romántica por excelencia. Todo en ella es alegoría, pero tan complicada que muchas veces escapa a la comprensión del lector de hoy. Precisa­mente para explicar el tono alegórico en que se contiene el drama, desfilan en el prólogo todos los elementos románticos más conocidos: el Amor, el Valor, la Chanza, la Fe, el Caballero, y el Poeta acompaña­dos por la Romanza personificada, que entra en diálogo con ellos y continuará presentándose también en los diez actos su­cesivos, manteniendo así la atmósfera irreal, fantasmagórica y abstracta de la alegoría. También los metros preferidos por los ro­mánticos son empleados con habilidad. En proporciones reducidas, reaparecen los bu­fones de las comedias de Shakespeare, y algunos personajes a lo Ariosto; no faltan jocosas escenas a lo Hans Sachs ni motivos orientales y exóticos.

La estrofa que cierra el prólogo se hizo célebre como lema de todo el romanticismo: «Mágica noche lunar, que tiene cautivo al espíritu maravilloso mundo de fábulas, resurge en tu antiguo esplendor». El Emperador Octavia- no, aun siendo la obra en la cual mejor se demuestra la riqueza poética, pictórica y musical de Tieck, especialmente en sus detalles, carece de unidad orgánica. En cambio, la obra es importantísima en la his­toria del romanticismo alemán, como ten­tativa de realización del programa formu­lado por los románticos en el «Athenáum» (v.) la revista de Schlegel, y en el Diálogo sobre la poesía (v.).

G. Federici Ajroldi