El egoísta, George Meredith

[The Egoist]. Novela in­glesa pu­blicada en 1879. Sir Willoughby Patterne es el heredero de una noble y rica familia. Hermoso e inteligente, a los veintiún años es admirado por todos, pero es un egoísta y un presuntuoso. Pero la vanidad anima el amor de Leticia Dale, muchacha inteligente pero tímida y pobre, mientras se promete con la hermosa y rica Constanza Durham. Pero Constanza no tarda en descubrir que su prometido sólo se ama a sí mismo y le abandona por un pobre capitán de húsares. El orgullo y la vanidad del baronet sufren con este golpe. Para hacer creer al mundo que la rotura proviene de él, corteja asidua­mente a Leticia, reanimando así sus espe­ranzas. Pero inesperadamente parte para un largo viaje y a su vuelta se promete con la hija de un hombre de ciencia, Clara Middleton. Muy pronto Clara advierte que ha cometido un error y se propone recobrar su libertad; pese a las tentativas de Willoughby, le deja para casarse con Vernon Whitford, un modesto primo suyo personificación de la antítesis de Willoughby; el egoísta con­sigue con dificultad el consentimiento de Leticia, en quien ya se ha extinguido toda llama de amor. El Egoísta es la novela más típica de Meredith, porque permanece por completo dentro de los límites de un pro­fundo y cuidado estudio psicológico.

Des­aparece de esta obra la precipitación de acontecimientos que caracterizaban sus no­velas anteriores: la acción se reduce al mí­nimo, y toda la atención está basada en el estudio del alma humana, sobre el lento e implacable desenmascararse del más común y natural de los vicios. Pese a esta casi ab­soluta carencia de sucesos externos y la densidad de la novela, en la que cada frase está saturada de pensamiento y de reflexio­nes, según la tendencia cada vez más acen­tuada de Meredith hacia una expresión sin­téticamente densa que consigue ser compac­ta y cargada, la atención del lector está siempre vivamente atraída por el fino arte con que el novelista denuncia y ataca al egoísmo en sus más sutiles matices.

En El Egoísta se enfrenta una vez más con el pro­blema de la relación entre sexos, en el que, desde hacía tiempo, Meredith había abierta­mente roto sus lanzas por la mujer. Junto a Willoughby ha colocado aquí la figura de Clara Middleton, una de las criaturas más perfectas de la amplia galería de retratos fe­meninos contenidos en sus obras. La crítica del papel representado por el hombre en la comedia de la vida se hace cada vez más aguda por el contraste que forma el prota­gonista con la serena muchacha, en quien a la dulzura se unen la viveza del espíritu y una energía intrépida. [Trad. de Ramón Planas (Barcelona, 1945)].

S. Rosati

Meredith no es un realista; más bien di­ría que es un hijo del realismo que ha roto con su padre. (Wilde)