Églogas orientales, William Collins

[Oriental Eglogues]. Cuatro pequeños poemas publicados en 1774, obra de juventud del poeta inglés. En el primero, «Selim o la moral del pastor» [«The Shepherd’s Moral»], en un valle junto a Bag­dad, el joven pastor Selim canta, dirigiéndose a las jovencitas de su país, que la be­lleza es vana cuando no va acompañada de las virtudes de la modestia, castidad, fidelidad, suavidad, piedad y amor, de las cuales da la genealogía, llamándola hijas de la Verdad y de la Sabiduría; según dice la leyenda, las jovencitas prestan oídos a sus consejos, y las virtudes reinan desde entonces como señoras indiscutibles e indiscutidas en el lugar.

En el segundo, «Has- san o el conductor de camellos» [«The Camel-Driver»], Hassan piensa con nos­talgia en las rumorosas fuentes, en los ma­nantiales coronados de musgo, en los «tier­nos placeres de los valles floridos» que ha abandonado para luchar en el desierto, y maldice su amor al dinero que le ha em­pujado hacia este inhóspito paraje, cuando habría podido permanecer en su pueblo donde «la paz gobierna el día y la razón el espíritu»; hasta que, pensando en la mu­chacha que abandonó por su ensueño de riquezas, reclamado por la voz de la cor­dura, vuelve a ella.

En la tercera, «Abra o la sultana de Georgia» [«The Georgian Sultana»], una jovencita canta a Abra, una pastorcilla que el sultán de Persia tomó por esposa, encontrando entre sus brazos la ver­dadera felicidad que sólo puede dar la sim­plicidad de la naturaleza. Por último, en «Agib y Secander o los fugitivos» [«The Fugitives»], nos encontramos transportados, a media noche, entre los montes de Circasia, hecha para ser escenario de los más felices e inocentes amores, pero que acaba de ser asolada por unos crueles vecinos; dos pastores que van huyendo de la patria invadida se paran un momento a descansar, y se entretienen rememorando con nostál­gico amor y tristeza el largo camino cum­plido; de pronto oyen gritos cercanos y ven fuegos, y los dos reanudan tristemente su fuga a través de la húmeda noche tre­pando por colinas iluminadas por la luna.

El gusto por la poesía pastoril, que se di­fundió en la Inglaterra del XVIII por la influencia francesa de Rapin y de Fontenelle, había dado ya copiosísimos frutos, desde la Sidra (v.) de Philips a las Pastorals de Pope; el hecho de que Collins usase para sus églogas nombres y temas orientales — si bien estilo y tono sean netamente euro­peos — revela la tendencia al exotismo característica de aquel período de inquietud prerromántica al cual pertenece, con Gray y con Young, y a la cual dará cima en sus obras más maduras, sobre todo en sus Odas sobre diversos temas alegóricos y descrip­tivos (v.).

A. Prospero Marchesini