El doctor inverosímil, Ramón Gómez de la Serna

Novela pu­blicada en 1921. Posteriormente, en 1948, ha aparecido en Buenos Aires y Madrid una nueva edición (3.a), aumentada. El autor, en la lista de sus obras, la considera nove­la grande, por más que, en un principio, la pensara como relato breve, destinado a una colección madrileña, «La Novela de bolsi­llo». En su Automoribundia (1948) cuenta Ramón cómo en 1914 se le ocurrió la idea de El Doctor Inverosímil, «novela curiosa» cuya primera redacción — en «maqueta» — hizo para la citada colección.

Su estructura novelesca es muy sencilla, pero eficaz. El autor presenta en las primeras páginas al doctor Vivar, en cuya boca aparecen pues­tos los relatos que integran el libro, histo­rias breves de curaciones aparentemente mágicas y reductibles, las más de las ve­ces, a una especie de psicoanálisis lírico, humorístico y cargado de ternura. El Doctor Inverosímil cura a sus pacientes descu­briendo el foco irradiador de sus males: haciendo afeitarse a un hombre cuya insin­ceridad radicaba en sus espesas barbas; devolviendo la juventud a un hombre en­vejecido, al hacerle abandonar un reloj, heredado de su padre, que con sus latidos prolongaba una vida vieja; liberando de su doliente melancolía a una señorita vestida siempre con trajes escoceses, al obligarla a romper con su pasado, hecho de las co­sas rancias que guardaba en su bolsillo, y de sus mismos trajes, etc.

Algunas de estas curaciones dan lugar a algo así como verdaderos cuentos en los que los obje­tos, las cosas —guantes viejos, cajas de música, complicados juguetes infantiles, espejos, jarrones de flores, termómetros — desempeñan importantes papeles. Otras pá­ginas de El Doctor Inverosímil equivalen a auténticas greguerías (v. Greguerías), sobre todo los «Etcéteras finales», entre los que aparecen frases como ésta: «De mirar las estrellas vienen las viruelas». El Doctor in­verosímil ha sido traducido al francés, al italiano y al polaco.

M. Vaquero Goyanes