El día de hoy, padre Secondo Lancellotti

[Obra di­dáctica, intencionadamente erudita, del (siglo XVII), pu­blicada en 1623 y reeditada numerosas veces con adiciones. El título es propiamente El día de hoy o el mundo ni peor ni más calamitoso que en tiempos pasados [L’hog- gidi o vero il mondo non peggiore, né piu calamitoso del passato]. El autor, irritado por las constantes alabanzas al pasado en oposición al presente, afirma que los anti­guos eran como nosotros, dotados de per­fecciones e imperfecciones, sujetos a las ca­lamidades y a la felicidad ni más ni menos que los hombres de la edad moderna.

En cincuenta capítulos (llamados «desengaños» y dedicados cada uno de ellos a un tema distinto) Lancellotti — «Accademico Insensato, Affidato e Humorista» — declara que el presente no es menos feliz que el pasa­do, y que hay que comprender -su íntima y compleja naturaleza en vez de negarlo. En particular el autor señala que existie­ron siempre pompas vanas y soberbias («desengaño» II); que las mujeres moder­nas no superan en vanidad a las del pasado (IV); y, en contra de todo cuanto ha sucedido en el pasado, no hay que lamentarse de las sepulturas y de las vanidades fúne­bres (VII), de los jóvenes libertinos e irre­verentes para con los ancianos (VIII), de la crápula, de la avaricia, de la codicia de los mercaderes (XIV, XX, XXI). Incluso la Ra­zón de Estado y la vida de la Corte en el pasado se han manifestado con actitudes que sólo en la edad moderna parecen dignas de existir (XI, XXVI).

Otras muchas co­sas hay que considerar a este respecto: que no sólo hoy día los literatos son ol­vidados, o los hombres viciosos o bajos de estatura, o las madres se niegan a ama­mantar a sus hijos (XXVII-XXX). Y por lo que hace a las enfermedades, al respeto a la religión, a los terremotos, a la carestía, a los incendios (XXXI y ss.), hay que tener en cuenta que los siglos pasados ofrecen asimismo ejemplos muy numerosos de des­gracias y de culpas. Cuando se consideran bien estos hechos revelados por la historia y la tradición, es lícito llegar a esta con­clusión : «en fin, que no hay ocasión o razón para creer que el mundo hoy día se ve atenazado y afligido por más ca­lamidades y miserias que en el pasado, ya que de éstas siempre ha estado lleno y ja­más ha sido feliz».

La obra, además de la facilidad amena de las digresiones, alcan­za un cierto tono polémico, al valorar el mundo moderno en frente del pasado; a pesar de no sentir la gran originalidad del nuevo pensamiento, señala el cansancio de la tradición y la pesadez de cuantos —prin­cipalmente los «hoy en día» — se quejaban de la edad contemporánea por una acadé­mica alabanza hacia el tiempo antiguo.

C. Cordié