El Conde Arnau

[El comte Arnau]. Mito popular y literario catalán, del que existe una canción tradicional y se han recogido abundantes leyendas, y alrededor del cual ha nacido una copiosa literatura. Canción, tradición y literatura han forma­do sucesivamente el mito de más vitalidad y fisonomía de Cataluña. La balada «Tota sola feu la vetlla, / muller lleial?», es un diálogo entre el alma del Comte Arnau y su viuda («viudeta igual»), que recibe asus­tada la aparición. El conde pregunta por sus hijas, que quiere ver, no permitiéndoselo ella,- por las criadas y por los mozos, recomendando que, sobre todo, sean paga­dos, en sus soldadas; el Comte Arnau va envuelto en llamas que salen de sus ojos, de la boca, los oídos, los brazos y los pies, porque pecó reiteradamente de todas las formas posibles; el caballo se impacienta y la aterrada esposa sugiere darle grano y avena, a lo que replica el conde que su caballo sólo come almas condenadas que van al infierno, donde él tiene su morada por haber malpagado las soldadas a los mozos; pide que no le tributen más exe­quias ni ofrendas, porque más se le acre­cienta el dolor que sufre; canta el gallo, son las doce y ha de partir; tiende la mano a la esposa, despidiéndose, y ella no la acepta por temor a quemarse. La canción parece de fines del siglo XVI o principios del XVII, fue danzada, nació posiblemente en Ripoll, se extendió por toda Cataluña y penetró en Mallorca; en ambas es viva aún y son innumerables las versiones recogidas.

Con los elementos de la canción se formó la leyenda, localizada sobre todo en Gombreny, cerca de Ripoll, en esta villa y en San Juan de las Abadesas; otros focos son Campdevánol, Ribas de Fresser, Olot, Montseny, Mallorca y, en general, los lugares donde arraigó la canción. La- leyenda es ésta: El Comte Arnau se condenó por ha­ber pagado mal las soldadas a sus mozos o por ser la causa de los escándalos y los pecados del monasterio de San Juan de las Abadesas (variante de creación tardía); montado en caballo infernal, rodeado de llamas y perseguido por una furiosa jau­ría de perros y de lobos, pasa por las mon­tañas durante las noches de tempestad de agua y viento, cayendo después por los precipicios; se aparecía a su esposa en di­versos castillos que señala la tradición, interesándose por los suyos y desprendiendo fuego por todos sus miembros (cf. la can­ción). El caballo, algunas de las causas de la condenación, el fuego que desprende el fantasma, la visita a la esposa y una in­finidad de detalles y variantes, prueban que el mito tradicional nació de la canción y que se contaminó pronto del del Mal Ca­zador (v.) en lo que se refiere a su eterna errabundez y al acompañamiento de la jau­ría y la tempestad. Parece que se creó el mito tradicional en Gombreny, donde se señalan unas escaleras excavadas en la roca viva para cuyo trabajo el Comte Arnau pro­metió una paga que no cumplió o cumplió mal; y se extendió por Ripoll y San Juan de las Abadesas, donde se enlazó con la viejísima memoria de la expulsión de las monjas de su monasterio.

Así, en Sant Amanç, una montaña cercana a esta villa, la gente cree oír en noches de tempestad las risas del Comte Arnau y las monjas junto a las ruinas de un supuesto conven­to. En esta trayectoria fueron añadiéndose elementos etnográficos de la más diversa procedencia, en los cuales la figura del Comte Arnau fue desalojando los antiguos mitos. Así creada, la leyenda del Comte Arnau penetró en la literatura. Manuel Milá y Fontanals publicó la balada popular y los elementos básicos que ofrece la tradición oral (Observaciones sobre la poesía popular, 1853). Sobre estos elementos, Víctor Balaguer (Amor a la Patria, 1858) creó un cuen­to romántico de desbordante fantasía que convertía al Comte Arnau en una versión fabulosa del Mal Cazador y lo ponía en re­lación con la abadesa pecadora; a ésta la llama Adelaisa, y desde Víctor Balaguer éste será el nombre literario de la compa­ñera del Comte Arnau. El archivero de San Juan de las Abadesas, el P. Pau Parassols i Pi, en 1859, replicó duramente a Bala­guer, reivindicó a la abadesa Adelaisa, que vivió en el siglo X, e intentó desvincularla del Comte Arnau, recurriendo a la historia. Parassols cree ver en un personaje de los Mataplana, cerca de Gombreny, muerto a mediados del XIV y casado con Elvira de Ferrandis, al verdadero Comte Arnau, con lo cual demuestra la imposibilidad de las relaciones entre ambos, debido a la cro­nología.

Prescindiendo de que la argumen­tación de Parassols es falsa en lo tocante al señor de Mataplana por él exhumado y de que el Comte Arnau jamás tuvo existencia histórica, es el caso que a partir de los tra­bajos del buen archivero, los poetas y lite­ratos situarán sus creaciones arnaldinas en el castillo de Mataplana y en el siglo XIV, y llamarán Elvira a la esposa del aparecido. El tema fue tratado por los siguientes par­ticipantes en los Juegos Florales: Terenci Thos y Codina, «Lo castell de Mataplana» (1864); Anicet de Pagés y de Puig, «L’ánima en pena» (1877), la producción más bella sobre este tema hasta Mn. Jacint Verdaguer, porque por encima de la hinchazón y la escenografía románticas fue el primero que supo profundizar en la condición humana del mito y uno de los que más hondamente influyeron en la formación del personaje literario; el mallorquín Ramón Picó y Campamar, «De pressa!» (1884); Antoni Bori i Fontestá, «La nit a Montgrony» (1905), y algunos más dentro de este coro meramente descriptivo y vociferante del que se salva únicamente Pagés de Puig.

*   El prosista Francisco de P. Capella, en «El cazador fantasma» relaciona el mito del Mal Cazador (v.) y el del Comte Arnau y se inspira en Pagés de Puig y en Víctor Balaguer.

*   Frederic Soler (Pitarra) llevó por pri­mera vez el tema al teatro con la obra póstuma Lo comte L’Arnau (1900). Esta prio­ridad y el intento de presentarnos vivo al Comte Arnau son los únicos valores de So­ler. La obra, enmarañada, llena de inci­dencias, complicadísima, tiene escaso valor; nulo lo tienen los personajes, particular­mente Arnau.

*   El poemita de Mn. Jacint Verdaguer «Lo comte Arnau» (en Aires del Montseny, 1901) es una estilizada impresión lírica del Comte Arnau, al que nos presenta vivo y escogien­do para sus correrías desenfrenadas un ca­ballo negro, el pecado, que es causa de su condenación.

*   El comte L’Arnau. Visió llegendária, de Josep Carner, es una escenificación de la canción y la. leyenda, estrenada en 1905. La fantasía del poeta halla aquí un campo abo­nado, y el verso brillante y los recursos escénicos se conjugan en esta representación casi puramente efectista. Sin embargo, se insinúa al fin de la obra la redención del condenado ante la blanca visión y el canto de sus hijas.

*   El poema más extraordinario, creado so­bre el mito, es el de Joan Maragall, El comte Arnau, que consta de tres partes publicadas en fechas bastante espaciadas: «El comte Arnau» (1900); «L’ánima», «La cangó del comte Arnau» y «Escolium» (1906); y «La fi del comte Arnau» (1911). Largos años ges­tó Maragall el poema y la figura del con­denado, que le preocupaba y le dolía entra­ñablemente. Durante aquéllos se operaron transformaciones radicales en el alma del poeta y puede afirmarse que su visión del Comte Arnau representa su propia visión del mundo y aun unas determinadas fa­cetas de sus aspiraciones y de su tempera­mento. Maragall nos presenta a Arnau vivo en la primera parte. Ser dotado de una pro­funda avidez vital, Arnau es bello y arro­gante, quiere gozar de sus instintos y nada ni nadie puede detenerle. Quiere serlo todo, dominarlo todo, convertirse en superhom­bre. Esta parte es un canto al instinto, a la fuerza, al dominio y a la voluntad, de clara filiación nietzscheana.

Al Comte Arnau sólo le detiene, transitoriamente, el Santo Cris­to que Adelaisa, en último extremo, inter­pone entre los dos; pero, después de que las fuerzas naturales se ríen de Arnau y le desprecian, hasta esta última resistencia es vencida; rapta a la abadesa, seducida por la vitalidad del hombre y por las promesas de una felicidad que ha de hallar en el mundo; pero luego, cuando el fruto de es­tos amores late en el vientre de ella, la abandona. En la segunda parte Arnau ron­da, ya muerto, como alma en pena, bus­cando en las perdidas y sordas fuerzas del instinto y de la naturaleza, la comprensión de su tragedia y su redención. Pero estas fuerzas exigen también su propia salvación, ya que Arnau quiso disponer de ellas, como la exigen también los mozos. Comprende entonces que es el amor lo que busca, amor que no le darán las hijas ni la esposa, seca la fuente de sus afectos, muerta también y, como todos, esperando que él, que lo fue todo, los lleve a la luz y a la vida total.

En este coro de ultratumba, la voz de Ade­laisa es la más trágica, pues siente aún el impulso vital que recibió de Arnau, mien­tras que una furiosa necesidad de vida re­clama en ella sus derechos. Ante tanto su­frir, Arnau pide a Dios madurarse más aún en el dolor, hasta la última comprensión. La tercera parte resuelve el angustioso pro­blema. Maragall se libera de su demonio. Arnau había oído cantar la tenebrosa can­ción popular y había comprendido cuán ne­gra era su alma. Busca ahora en la vida y en la pureza el amor que pueda redimir su espíritu, y lo halla en una pastora inocente que en un valle pirenaico canta con piedad la tétrica balada y que al cantarla cambia la entonación y acaba por amar al Comte Arnau. Y por la vida, la música, la poesía, la tierra, la esperanza y el amor Arnau se salva y, con él, la multitud desesperada e inoperante que le sigue. El poema es la expresión más pura y más grande de la redención fáustica tenazmente perseguida por Maragall a lo largo de su luminosa vida.

*   El tema ha sido tratado también por Alfons Maseras en L’ombra del comte Arnau (1903), La sombra del conde Arnaldo (1917) y en Setze contes (1921), donde el autor pretende vincular la figura del Comte Ar­nau con la de don Juan y la de Fausto; por Alfons Roure, en una pobre novela, Els amors del comte Arnau; por Laura Brunet (Juan Sanxo Ferrerons), en el folletín Los humanos amores del conde Arnau; y por Miquel Ferrá, en «La passejada» (A mig camí, Barcelona, 1926), breve interpreta­ción muy lírica del Comte Mal, versión mallorquina del Comte Arnau.

*   El Comte Arnau. Poema, de Josep M.a de Sagarra, es una de las más ambiciosas realizaciones del mito literario. En su ex­tensa obra (10.000 versos), Sagarra nos pre­senta vivo al personaje a lo largo de seis cantos, en que acumula toda suerte de pe­cados sobre la compleja figura elaborada por la tradición popular y la literaria. El Comte Arnau es un personaje rico de hu­manidad y de instinto, que no se abate ante nada ni nadie y que lleva la maldad hasta las últimas consecuencias. Muere en la cama, viejo y acabado, pero rechazando todo auxilio espiritual y sin admitir un más allá redentor. Ante esta postura, es impo­sible conceder una última salvación al Comte Arnau, y Sagarra, con el realismo duro que campea en todo el poema, nos hace seguir en los cuatro cantos restantes, la ronda entre tinieblas del condenado. La expiación es sentida aquí bajo la luz de la filosofía tomista, al considerarla como pri­vación de luz y de comprensión.

La angus­tia del Comte Arnau está en que después de muerto no comprende ni su propio cas­tigo ni por qué caminos podría conseguir el perdón, si es que llega a formularse la posibilidad del mismo. Sólo una leve brisa de simpatía y amor encuentra el alma erran­te en la visita que’ hace a su propia hija, convertida en abadesa de San Juan, y en la fe y la mansedumbre de ella. Nada, §in embargo, y menos una canción, podrá ador­mecer ni salvar el alma en pena de este fabuloso pecador, convertido ya en verda­dero personaje literario con valor universal. La interpretación popular, la seudohistórica, la de Pagés de Puig y la de Maragall, a pesar de la postura antimaragalliana de este poema, se funden aquí en pétrea uni­dad esculpida por el genio rudo y verista de Sagarra.

*   Una de las más recientes creaciones poé­ticas sobre el Comte Arnau es El comte Mal, de Guillem Colom. Es una interpretación épica del mito popular tal como es cono­cido en Mallorca, donde se ha confundido con un personaje histórico de la isla que vivió en el siglo XVII, Ramón Saforteza, segundo conde de Formiguera. Junto a la narración de los desmanes de esta figura dura y belicosa, mujeriega y homicida, Co­lom ha creado las de dos sencillos amantes, cuya pureza contrasta con la turbia se­cuela de crímenes del conde. El poema tiene aliento y grandeza, y el poeta ha sabido aprovechar los datos riquísimos de la tra­dición catalana y de la insular, los de la historia local y la larga elaboración literaria del tema. El influjo de Mistral, además, es evidente.

*   Queden consignados el poema sinfónico El Comte Arnau. Festival líric popular, de Felip Pedrell, basado en las dos primeras partes del poema de Maragall; algunas poe­sías breves sobre el mito, debidas a mosén Camil Geis, Joan Pinell y Josep M.a Boix; y una visión teatral, El Comte Arnau, de Antoni Ribera i Jordá.

J. Romeu