El Conde de Carmagnola, Alessandro Manzoni

[Il Conte di Carmagnola]. Drama histórico en cinco actos de Alessandro Manzoni (1785-1873), compuesto entre 1816 y 1820, y publicado en 1820. El drama, dedicado al crítico fran­cés Claude Fauriel, está precedido de un prefacio sobre las reglas de la unidad dra­mática y hace una aclaración histórica des­tinada a facilitar al lector una más amplia comprensión del argumento y a defender la tesis que se encuentra en el fondo del dra­ma mismo: la inocencia de Carmagnola. Los personajes se pueden dividir en dos gran­des categorías: históricos e imaginarios. His­tóricos son el conde Carmagnola, su esposa Antonietta Visconti, el dux Antonio Foscari, los soldados a sueldo de los venecia­nos y a sueldo del duque de Milán; ima­ginarios, Marco (senador veneciano), Mari­no (uno de los jefes del Consejo de los Diez), los dos comisarios venecianos y otros personajes menos importantes. La acción abarca un período que dura casi siete años, desde 1425 a 1432. El dux propone al Sena­do una alianza con Florencia contra Vis­conti y hace el elogio del valor y de la fide­lidad de Carmagnola, que el propio Visconti ha intentado suprimir por medio de un ase­sino a sueldo.

El conde se introduce en el Senado y exhorta a la guerra garantizando la victoria: el senador Marino expresa sus dudas con respecto a la lealtad del caudi­llo, pero interviene Marco que consigue arrancar al Senado la decisión favorable, y él mismo lleva al conde la alegre nueva. En el segundo acto la escena se traslada primero al campo del duque de Milán, cu­yos jefes deciden presentar batalla, y luego al campo veneciano en el momento en que llega a conocimiento del conde la noticia de que el ejército de Visconti forma en línea de batalla en los campos de Maclodio. En el tercer acto, conseguida la victoria, uno de los dos Comisarios venecianos esti­mula en vano a Carmagnola a no dar tre­gua a los enemigos, mientras que el otro ve en el gesto magnánimo de librar algunos prisioneros, una manifiesta señal de trai­ción. Los dos deciden informar inmediata­mente al Senado. En el cuarto acto estalla la discusión entre Marino y Marco, acusado de culpable indulgencia. Marco recibe la orden de partir para Tesalónica, después de haber jurado que no revelaría a Carmagno­la la trampa que le tendía el Senado al reclamarle. El conde, al recibir la carta de reclamación, noblemente confiado, tiene una gran alegría pensando en su esposa e hija que le será dable volver a ver.

El último acto señala la catástrofe del dra­ma: a pesar de sus disculpas, el conde es detenido y condenado a muerte, y el dra­ma se cierra con la escena desgarradora de la despedida del conde de su esposa e hija. El motivo dramático general es el re­sultado del choque entre dos elementos opuestos: la política y la milicia, la no­bleza guerrera del conde y la fría, astuta e inexorable conducta del Senado vene­ciano. Pero este motivo, expuesto con cla­ridad y traducido con patética intensidad en las escenas finales, no tiene un real y proporcionado desarrollo dramático en la acción y en los personajes definidos indi­vidualmente con finura que, no obstante, permanecen aislados unos de otros: la fata­lidad de los acontecimientos no reside en la actuación de los personajes, sino en la opo­sición de dos mundos que, al chocar, engen­dran la catástrofe. El conde, personaje no­blemente patético, es, como protagonista, in­deciso, ya cansado y vencido cuando, en el día de la victoria, no sabe dar la razón de sus actos; pero en él se concentra la noble y humanísima piedad del poeta.

Y al faltar el conflicto en la acción, falta por Id tanto .el relieve, lo que nos da la impresión de un esquematismo que aún no se w ha resuelto dramáticamente, e incluso la distinción en­tre personajes históricos y ficticios, fruto de un riguroso respeto por la verdad his­tórica, acaba por desconocer la unidad in­dividual y absoluta de la obra poética. El idealismo de Manzoni se hace patente durante todo el drama, creando el clima dramático general, pero sin compenetrarse con la acción. De manera que incluso el coro para la batalla de Maclodio, fiera de­precación de las luchas fratricidas, no en­cuentra clara justificación, ni ideal ni dra­mática, cosa que, por el contrario, se le reconoce sin regateos, dentro de la obra poeticodramática de Manzoni, a los dos co­ros del Adelchi (v.).

D. Mattalía

Lo aprecio muchísimo: Adelchi es más grande por el argumento, pero Carmagnola es notable por su profundidad; además, la parte lírica es bellísima. (Goethe)

No es una lectura que apasione, porque los héroes están tratados como personajes excesivamente reales. (Pellico)

La tragedia tiene un interés histórico que se hace valer por sí mismo, independiente­mente de la poesía: la rehabilitación del conde de Carmagnola. (De Sanctis)

*   Con el mismo título Comte de Carmagnole, y con libreto de Eugéne Scribe (1791- 1861), Ambroise Thomas (1811-1896) com­puso una ópera en dos actos representada en París en 1841. El tema de la farsa tiene su origen en las mismas fuentes históricas, pero no tiene ninguna relación con la obra de Manzoni. A pesar de estar privado de toda originalidad y poesía, el libreto no impidió que Thomas compusiese una músi­ca agradable.