El Carro de los Apestados, Wilhelm Raabe

[Der Schüdderump]. Es la tercera de las tres grandes novelas de Wilhelm Raabe (Jakob Corvinus, 1831-1916), precedida del Pastor del Hambre (v.) y de Abu Telfan (v.). Pu­blicada en 1870, relaciona entre sí estas tres novelas con la frase final: «…y fue largo, fatigoso el camino desde la casa del hambre a Grunzenow en el mar Báltico, por Abu Teifan en el país de Tumurquia y a la sombra de la montaña de la luna, hasta el albergue de Krodebeck a los pies del antiguo monte germánico de las brujas». El vínculo interior que las une es la con­cepción de Raabe, de que el mundo, con su perfidia, obliga a los buenos a apartarse en silencio y a quedar a la expectativa, o a perecer, mientras que los malvados, aun siendo inferiores en número, triunfan en el tiempo; pesimista concepción schopenhaueriana, derivada más que de la especu­lación metafísica, de la experiencia de la vida. «Schüdderump» es el carro que lleva a la tumba montones de víctimas de la pes­te; es el símbolo de la caducidad humana y del eterno repetirse de las calamidades. Toda la vida es una trágica comedia y, por más que brille el sol, nunca calla el chi­rrido del fúnebre carro de los apestados; cada vez que lo escuchamos, sentimos que venimos de las tinieblas y nos asombra que lo podamos olvidar. Sin embargo, también sobre este oscuro libro brillan rayos de luz, porque el poeta sabe que el mal sólo es un episodio pasajero frente a los valores eternos de la vida de los pueblos, por lo que, a pesar de su pesimismo, mira a lo alto y sonríe.

En el piadoso albergue de Krodebeck, en el Harz, hacen vida en co­mún unos tipos singulares, como la buena vieja Juana Allmann, que tiene una con­cepción propia de la vida, su amiga Jane Warwolf, comerciante ambulante, de una vivacidad endiablada, pero llena de inteli­gencia; en este ambiente, del que había partido joven y bella, vuelve gravemente enferma María, con su pequeña hija Toni. Educada en el castillo de los bondadosos señores de la comarca, los nobles von Lauen, y obligada después por su padre Dietrich Háussler, hábil embustero, a un matrimonio desgraciado, al fin muere; y en su bella hija Toni, se renueva el destino de la madre. También ella crece bajo la protección de la buena y maternal señora von Lauen, de sus amigos, como el caballero von Glaubigern, original y lleno de sentimiento, de la institutriz francesa señora Trouin, perte­neciente a la vieja nobleza, para la que todo es un juego. El hijo de la señora von Lauen, Henning, joven gentilhombre de buen co­razón, pero un poco tonto, está enamorado de la muchacha; de pronto aparece el abue­lo de Toni, barón austríaco de nobleza re­ciente, enriquecido proveyendo de conser­vas averiadas al ejército durante la guerra de la independencia italiana; y reclama a su bella nieta, para especular sobre ella.

En efecto, al cabo de algunos años, Henning encuentra a Toni en Viena, enferma de nos­talgia de su país y enferma de amor, en el momento de ser vendida por el abuelo, en un oscuro negocio, a un conde al que no ama. En su turbación, Henning no sabe hallar la palabra que podría salvar a Toni, la cual sólo ve en él un amor superficial y está a punto de hacer el sacrificio de sí misma, cuando el viejo y fiel amigo y ca­ballero von Glaubigern llega para llevarla consigo, enferma, al castillo de Lauen. Pero es demasiado tarde y Toni muere, víctima de la triunfante vulgaridad humana. Su muerte hace cambiar por completo el espí­ritu de Henning, que vuelve a la patria más hombre. Con esta novela, Raabe ocupa un puesto «propio» en la literatura narra­tiva alemana, entre el arte de Jean Paul»