El Carnaval de los Animales, Camille Saint-Saéns

[Le carnaval des animaux]. En enero del año 1886, Camille Saint-Saéns (1835-1921), que el año anterior había publicado Armo­nía y melodía, suscitando violentas polémi­cas a causa de los ataques directos a Wagner contenidos en su obra, fue acogido con silbidos en su concierto dado en la Socie­dad Filarmónica de Berlín. Despechado mar­chó a Viena y, después, se aisló durante unos días en una pequeña ciudad austríaca, en donde, para distraerse, compuso una «fantasía zoológica» en catorce episodios, El Carnaval de los animales. Vuelto a París, la dio a conocer en primera audición, el martes de carnaval 9 de marzo de 1886, en concierto privado en casa del violonche­lista Lebouc. La obra alcanzó bastante re­sonancia en el mundillo de los artistas, pero Saint-Saéns se resistió tan obstinada­mente a que fuese ejecutada en público, que hasta después de su muerte no se pudo editar. Se editó al fin y se incluyó en el programa de los conciertos de Colonia el 25 de febrero de 1922, pasando después al repertorio de las asociaciones sinfónicas. De todas maneras, uno de sus fragmentos, «el Cisne», ya había sido destacado y publi­cado bajo la forma de una transcripción para violoncelo, y la Pavlova lo popula­rizó al utilizarlo en su solo coreográfico La muerte del Cisne. La obra está escrita para dos pianos, dos violines, viola, violoncelo, contrabajo, flauta, clarinete, armonium, xi­lófono y celesta. La primera ejecución, en casa de Lebouc, reunió en torno del autor, a,, cuyo cargo corría una de las partes de piano, a Diemer, al segundo piano; Taffenel, flautista; Turban, clarinetista; Maurin, Prioré, Dailly y Tourcy, junto con otros miembros de la sociedad «La trompeta».

 iszt solicitó escuchar el Carnaval y, en su honor, fue ejecutado el 2 de abril de aquel mismo año, en casa de Mme. Viardot. Los fragmentos de que se compone la obra son los siguientes:

1.° «Marcha real del león», ritmo noblemente candencioso;

2.° «Gallina y gallo», música imitativa, despertar del ga­llinero;

3.° «Hémiones», animales veloces, rasgos rápidos de los dos pianos;

4.° «Tor­tugas», cuya marcha lenta se caracteriza, en el grave de los instrumentos, por un tema deformante de la contradanza de Orfeo en los Infiernos (v. Orfeo), de Offenbach;

5.° «Elefantes», que avanzan pesada­mente sobre la danza de las sílfides de la Condenación de Fausto (v. Fausto), ejecu­tada por el contrabajo;

6.° «Canguros», cu­yos saltos son imitados por los pasajes rá­pidos y espaciados de ambos pianos;

7.° «Acuarium», cuyas líquidas sonoridades son recorridas por un motivo más lento, imitando el deslizamiento de los peces;

8.° «Personajes de largas orejas», donde los dos contrabajos dialogan remedando el rebuzno del asno;

9.° «Cuco en el fondo del bosque», obra maestra de la música imita­tiva y poética;

10.° «Pajarera», gorjeos, pío- píos, revuelo de alas, rasgos ligeros;

11.° «Pianistas», a los que Saint-Saéns ha incluido en su galería zoológica, para confiarles gamas exasperantes;

12.° «Fósiles», que aparecen sobre temas de la Danza ma­cabra (v.), entremezclados de estribillos, «J’ai du bon tabac», «Ah! Vous dirai-je ma­man», y de una cita del Barbero de Sevi­lla (v.);

13.° «Cisne», solo de violoncelo,

14.° «Final», endiablado, en donde, evo­cando los temas característicos de los di­versos animales, simula una especie de con­fusión carnavalesca y cuya desbordada fan­tasía hace pensar en ciertos finales de Offenbach.

La inspiración, el espíritu pa­ródico que el autor ha sabido infundir pró­digamente en el Carnaval de los animales y la extraordinaria maestría de la partitura, hacen de esta fantasía una obra maestra inimitable.