El Capote, N. Gógol

Sumiso y soli­tario, convertido en el blanco favorito de sus compañe­ros de oficina, Akaki Akákievich Bashmachkin trabaja como copista de cartas en un departamento ministerial. Es tan pobre que debe hacer frente a un año de priva­ciones antes de que el sastre Petróvich pueda hacerle un bonito capote nuevo. La alegría de lucirlo no le dura más que un día: la misma tarde es asaltado por la calle y le roban el capote. La policía lo recibe mal, el «pez gordo» al que se dirige para que se interese por su caso le echa, y una colecta entre sus colegas termina en nada.

Akaki fallece de allí a pocos días de frío y de desesperación. Pero su fantasma, que ha adquirido la agresividad que a él le faltó en vida, comienza a vagar por las calles de San Petersburgo arrebatando los capotes a los transeúntes y entre éstos al «pez gordo».