El Baile de Sceaux, Honoré de Balzac

[Le Bal de Sceaux]. Narración de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1830. En su bre­vedad, la narración se presenta densísima de sabrosos pormenores, rica en extensos cuadros de costumbres. El viejo conde de Fontaine, acendrado monárquico y héroe de la guerra de la Vendée, intriga feliz­mente junto a Luis XVIII, para restaurar la fortuna de su familia completamente des­truida durante la Revolución. Y la coloca­ción de sus hijos y el matrimonio de sus dos hijas mayores dan ya ocasión a Balzac para dibujar con fortuna una serie de agu­dos episodios. Pero la última hija del an­ciano gentilhombre, Emilia, ingeniosa y be­llísima jovencita de muchas prendas pero demasiado extravagante y orgullosa, declara que tan sólo se casará con un Par de Fran­cia. Veraneando con la familia en sus po­sesiones de Sceaux, se deja conquistar, por fin, por la atrayente y señorial gracia de un joven que muy pronto se revela como de­chado de perfecciones,’ Maximiliano Longueville. Algunos fáciles equívocos la con­vencen de su nobleza y Emilia está conven­cida de haber encontrado su ideal. Pero de vuelta a París, se entera de que Maximi­liano trabaja en una gran casa comercial y sin más, rompe con él indignada. Más tarde le encuentra en un baile, conoce a un hermano de él, diplomático, y obtiene ciertas informaciones que por un momento la hacen vacilar en su decisión. Pero el or­gullo de Emilia es demasiado grande y por otra parte choca con un orgullo semejan­te por parte de Maximiliano que se siente ofendido: aunque íntimamente acongojada, acaba por renunciar, y se previene contra un posible arrepentimiento casándose con un viejo pariente riquísimo, el almirante de Kergarout, mientras que Maximiliano con­sigue llegar a los más altos destinos des­pués de la Revolución del 1830, llegando a ser diputado y luego Par de Francia. A pesar del novelesco y forzado desenlace, la narración, que figura entre las primeras obras de Balzac, roza las cimas más altas de su arte por la riqueza y vitalidad artís­tica de muchas páginas y la eficacia de su estilo que fusiona, en un equilibrio perfec­to, las más exquisitas sutilezas analíticas con los rasgos más audazmente pintorescos.

M. Bonfantini